Sobre las Confesiones

Las Confesiones son una obra en 13 libros, escrita por Agustín de Hipona, obispo, hacia los años 397 a 401. La datación es debatida: la mayoría de los estudiosos sitúa la redacción entre 397 y 401, con base en las Retractaciones, y parte de ellos sostiene que el grueso del texto fue escrito ya en 397. El título juega con dos sentidos del verbo latino confiteri, que la obra mantiene a lo largo de todo el texto: confesión de los pecados y confesión como alabanza a Dios. El texto entero tiene la forma de una oración continua dirigida a Dios.

La estructura tiene tres partes. Los libros I a IX son narrativos y siguen la vida del autor desde la infancia hasta la muerte de su madre, Mónica, en Ostia: el robo de peras en la adolescencia, los años como maniqueo, la carrera de profesor de retórica en Cartago, Roma y Milán, la influencia de Ambrosio y la lectura de los neoplatónicos, hasta la conversión en el jardín. El libro X cambia de registro y discute la memoria y el modo en que se conoce a Dios. Los libros XI a XIII abandonan la autobiografía y pasan a una exégesis de los primeros versículos del Génesis, con un extenso análisis sobre el tiempo, la creación y la eternidad.

La obra importa por dos motivos. Es uno de los primeros textos de Occidente en narrar la vida interior de un individuo en primera persona, y por eso se lee tanto como documento religioso como hito en la historia de la autobiografía, fijando la forma de la autobiografía espiritual. Además, fijó temas que atravesaron la teología latina posterior: la relación entre gracia y voluntad, la naturaleza del mal como privación, y la lectura del tiempo a partir del alma que recuerda, atiende y espera.

Pasajes que marcaron la tradición

Algunos fragmentos salieron de la obra y se convirtieron en lugares comunes citados durante siglos. Cada cita que sigue lleva al pasaje completo.

El corazón inquieto. Ya en la apertura del libro I, Agustín enuncia la tesis que organiza todo el relato: el ser humano fue hecho para Dios y no encuentra descanso fuera de él.

El robo de las peras. En el libro II, Agustín analiza un hurto de adolescencia: peras que él y sus amigos tomaron sin hambre ni provecho, solo por el placer de transgredir. El episodio se convierte en punto de partida para examinar por qué se quiere el mal por sí mismo.

Toma y lee.El clímax del libro VIII: en crisis en el jardín, Agustín escucha una voz infantil que repite "toma y lee", abre las cartas de Pablo al azar y lee el pasaje que decide su conversión.

La visión de Ostia. En el libro IX, poco antes de la muerte de Mónica, madre e hijo conversan junto a una ventana en Ostia y, ascendiendo de peldaño en peldaño por las cosas creadas, llegan por un instante a tocar la sabiduría eterna. La escena cierra la parte autobiográfica y prepara el tono contemplativo de los libros siguientes.

Tarde te amé. En el libro X, al tratar de la búsqueda de Dios, Agustín compone el pasaje que se ha convertido en el más citado de la obra, sobre el retraso en reconocer aquello que siempre estuvo presente.

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