Capítulos
Confissões - Livro II
Agustín y las Confesiones
Agustín de Hipona (354-430), rétor convertido y luego obispo en el norte de Africa romana, escribió las Confesiones hacia 397-401, en trece libros. Se la considera la primera gran autobiografía espiritual de Occidente. La obra entera está dirigida a Dios en forma de oración, alternando narración, examen de conciencia y meditación teológica.
El Libro II en las Confesiones
El Libro II cubre la adolescencia de Agustín, hacia los dieciséis años, y gira en torno al despertar de la concupiscencia y, sobre todo, al célebre hurto de las peras. En el arco de la obra, sigue a la infancia narrada en el Libro I y prepara los años de Cartago tratados en el Libro III. El episodio de las peras le sirve a Agustín para examinar el pecado en su forma más desnuda: un mal querido por sí mismo, sin provecho alguno, cometido por el placer de la transgresión y por la complicidad de los compañeros. De él extrae la lección de que la amistad puede volverse enemiga cuando seduce la mente hacia el mal.
Contenido del Libro
- Agustín se propone recordar sus torpezas pasadas y los apetitos carnales del alma, no por amarlos, sino para amar a Dios y reunir lo que en ellos se dispersó. — (Confissões - Livro II 1)
- Hacia los dieciséis años, el despertar de la concupiscencia, la confusión entre amor y lujuria, y la ausencia de freno que ordenara aquel impulso. — (Confissões - Livro II 2)
- El año de ocio en Tagaste antes de partir a Cartago: el padre Patricio se alegra con señales de su pubertad, la madre Mónica advierte contra la fornicación, y la falta de disciplina lo expone a los peligros de la edad. — (Confissões - Livro II 3)
- El relato del hurto: de noche, con un grupo de compañeros, roba peras de un árbol vecino sin hambre ni necesidad, arroja la mayor parte a los cerdos y prueba solo algunas, atraído únicamente por lo que estaba prohibido. — (Confissões - Livro II 4)
- Análisis del motivo: todo pecado busca alguna apariencia de bien en los propios bienes creados, pero en aquel hurto no había bien alguno que desear, solo el gusto de transgredir. — (Confissões - Livro II 5)
- El pecado como imitación corrompida de Dios: examina los atributos divinos remedados por el vicio (la libertad, el poder, la curiosidad) y concluye que amó el propio defecto, no la cosa hurtada. — (Confissões - Livro II 6)
- Reconoce que debe a Dios el perdón y también los pecados que la gracia le impidió cometer, atribuyendo a la misericordia divina todo lo que fue preservado. — (Confissões - Livro II 7)
- Pregunta qué amó de verdad en el hurto y reafirma que solo no lo habría cometido: fue la risa y la complicidad de los compañeros lo que lo hizo atractivo. — (Confissões - Livro II 8)
- La amistad como enemiga peligrosa: insiste en el peso de la compañía en el pecado, mostrando cómo la presencia de los otros encendió el deseo de hacer el mal. — (Confissões - Livro II 9)
- Conclusión del libro: el pecado es dispersión lejos de Dios, y Agustín contrasta la región de la carencia en que se perdió con el descanso encontrado en él. — (Confissões - Livro II 10)
El despertar de la adolescencia
El hurto de las peras
Complicidad, gracia y descanso
Texto y Traducción
El texto base es el latín de las Confessiones, fijado por la tradición crítica de las ediciones clásicas, aquí presentado en latín junto al portugués. La cita sigue la división consagrada por libro, capítulo y párrafo: el Libro II tiene diez capítulos, y cada pasaje se referencia como Confesiones II seguido del número del párrafo.