Cuando el hebreo se volvió griego
Cuando los judíos de lengua griega tradujeron el Antiguo Testamento (la Septuaginta), necesitaron una palabra para Seol. Eligieron Hades, el nombre del inframundo griego. La elección fue natural, pero trajo bagaje: Hades, en la cultura griega, ya era un reino organizado de los muertos, con regiones distintas. El Nuevo Testamento hereda ese vocabulario.
La parábola del rico y Lázaro muestra esa transición en pleno funcionamiento. Lázaro es llevado al "seno de Abraham", mientras el rico alza los ojos en el Hades, en tormento, separado por un abismo intransponible. Aquí ya no es el Seol neutro del Antiguo Testamento: hay división, conciencia y sufrimiento después de la muerte.
22 E aconteceu que o mendigo morreu, e foi levado pelos anjos para o seio de Abraão; e morreu também o rico, e foi sepultado.
23 E no inferno, ergueu os olhos, estando em tormentos, e viu ao longe Abraão, e Lázaro no seu seio.
24 E, clamando, disse: Pai Abraão, tem misericórdia de mim, e manda a Lázaro, que molhe na água a ponta do seu dedo e me refresque a língua, porque estou atormentado nesta chama.
Tártaro: la prisión de los ángeles
El Nuevo Testamento usa además una segunda palabra prestada de la mitología griega. En la Segunda Epístola de Pedro, Dios arroja a los ángeles que pecaron al Tártaro, que era, para los griegos, el abismo más hondo, debajo del propio Hades, donde los Titanes fueron aprisionados. Es la única aparición del término en la Biblia, y se aplica no a humanos, sino a ángeles caídos.
4 Porque, se Deus não perdoou aos anjos que pecaram, mas, havendo-os lançado no inferno, os entregou às cadeias da escuridão, ficando reservados para o juízo;
El Abismo y el lago de fuego
El Apocalipsis de Juan trabaja con el Abismo, el pozo sin fondo de donde suben fuerzas demoníacas y donde Satanás es sellado, y con el lago de fuego, destino final de la muerte, del Hades y de los condenados después del juicio. Es importante notar la secuencia: en el Apocalipsis, el Hades no es el destino final, él mismo es arrojado al lago de fuego. El castigo definitivo es posterior a la morada provisional de los muertos.
13 E deu o mar os mortos que nele havia; e a morte e o inferno deram os mortos que neles havia; e foram julgados cada um segundo as suas obras.
14 E a morte e o inferno foram lançados no lago de fogo. Esta é a segunda morte.
10 E o diabo, que os enganava, foi lançado no lago de fogo e enxofre, onde estão a besta e o falso profeta; e de dia e de noite serão atormentados para todo o sempre.
El resultado es un vocabulario en capas: Seol y Hades como morada de los muertos, Tártaro como prisión angélica, Abismo como cárcel demoníaca, lago de fuego como sentencia final. Cuatro palabras, cuatro matices. La próxima página muestra cómo una única traducción latina las fundió en una sola.