Una palabra para muchas
El español "infierno" viene del latín infernus, que significa simplemente "los lugares de abajo", lo que está debajo. Cuando Jerónimo tradujo la Biblia al latín a fines del siglo IV (la Vulgata), tuvo ante sí el vocabulario en capas del hebreo y del griego: Seol, Hades, Gehena, Tártaro. El latín no tenía un equivalente exacto para cada uno.
Jerónimo usó infernus e inferi para verter tanto el Seol hebreo como el Hades griego, y mantuvo gehenna transliterada donde el griego traía Gehena. Pero la traducción latina, al usar una misma familia de palabras para la morada neutra de los muertos y para el lugar del castigo, abrió camino a que las distinciones se borraran en la recepción posterior.
El achatamiento de las distinciones
Con el tiempo, las traducciones vernáculas que dependieron del latín heredaron esa fusión. "Infierno" pasó a cubrir, en un único término, realidades que el hebreo y el griego mantenían separadas: la tumba de todos, la prisión de los ángeles, el valle maldito, la sentencia final. Buena parte de la confusión moderna sobre "qué dice la Biblia sobre el infierno" nace justamente de ese colapso de cuatro palabras en una.
| Término original | Sentido | Traducción común |
|---|---|---|
| Seol (hebreo) | morada común de los muertos, sin castigo | infierno / sepulcro / abismo |
| Hades (griego) | inframundo de los muertos, ya con divisiones | infierno / Hades |
| Gehena (griego, del hebreo Ge-Hinnom) | lugar del castigo final, fuego | infierno |
| Tártaro (griego) | prisión de los ángeles caídos | infierno / abismo |
Reconocer esas capas no resuelve el debate teológico sobre la naturaleza del castigo, pero cambia la pregunta. En vez de "¿la Biblia enseña el infierno?", el lector atento pregunta: "¿de qué palabra y de qué época estamos hablando?". Las páginas siguientes siguen esa pregunta a lo largo del tiempo, del Antiguo Testamento a la imaginación medieval de Dante.