Dios y la Trinidad en el Mormonismo

Una palabra diferente: Trinidad como Deidad, no como una sola sustancia

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (la denominación que la mayoría de las personas llama "iglesia mormona") usa en español la palabra Trinidad o Deidad para lo que el cristianismo histórico define como un solo ser en tres personas. El cambio de vocabulario no es accidental: señala una definición diferente de la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El primero de los trece Artículos de Fe, escritos por José Smith (Joseph Smith) en 1842, enuncia la creencia en las tres personas sin definir la naturaleza que las une.

1 Cremos em Deus, o Pai Eterno, e em Seu Filho, Jesus Cristo, e no Espírito Santo.

El Libro de Mormón habla repetidamente de las tres como "uno". En 3 Nefi, al instituir el bautismo entre los nefitas, el Cristo resucitado declara la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

27 E desta maneira batizareis em meu nome, pois eis que em verdade vos digo que o Pai e o Filho e o Espírito Santo são um; e eu estou no Pai e o Pai em mim; e o Pai e eu somos um.

36 E assim o Pai dará testemunho de mim e o Espírito Santo dará testemunho do Pai e de mim; pois o Pai e eu e o Espírito Santo somos um.

21 E agora, meus amados irmãos, eis que este é o caminho; e não qualquer outro caminho ou nome debaixo do céu pelo qual o homem possa ser salvo no reino de Deus. E agora, eis que esta é a doutrina de Cristo e a única e verdadeira doutrina do Pai e do Filho e do Espírito Santo, que são um Deus, sem fim. Amém.

7 E efetuou a redenção do mundo, por meio da qual aquele que for declarado inocente em sua presença, no dia do juízo, terá permissão para habitar na presença de Deus em seu reino, para cantar louvores continuamente, com os coros celestiais, ao Pai e ao Filho e ao Espírito Santo, que são um Deus, num estado de felicidade que não tem fim.

Dónde diverge la definición: unidad de propósito frente a unidad de sustancia

La doctrina SUD lee esa unidad como unidad de propósito, mente y voluntad entre tres seres personalmente distintos. La enseñanza oficial de la Iglesia describe al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como tres seres separados que forman una sola Trinidad porque actúan en perfecta concordancia, no porque compartan una única esencia.

La definición nicena, formulada en el Concilio de Nicea (325) y ampliada en Constantinopla (381), afirma otra cosa: tres personas distintas en una única sustancia (el término griego es homoousios, "de la misma sustancia"). En esa definición, el Hijo no solo concuerda con el Padre, sino que es del mismo ser que el Padre. Los credos posteriores, como el Atanasiano, añaden que esa sustancia es indivisible: no hay tres dioses, hay un solo Dios subsistiendo en tres personas.

El texto bíblico más citado por ambos lados es la oración sacerdotal de Juan 17, en la que Jesús pide que los discípulos sean uno "así como" él y el Padre son uno. La lectura SUD toma la analogía como definitoria: la unidad de la Trinidad es del mismo tipo que la unidad que los discípulos pueden tener entre sí. La lectura trinitaria clásica toma la analogía como ilustrativa, y apoya la unidad de esencia en otros textos.

21 Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que me enviaste.

30 Yo y el Padre una cosa somos.

4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es:

El cuerpo del Padre

La divergencia más concreta está en el cuerpo. La doctrina SUD enseña que el Padre y el Hijo tienen cuerpos físicos glorificados, y que solo el Espíritu Santo es un personaje de espíritu. La formulación clásica está en Doctrina y Convenios 130:22, texto registrado por José Smith en 1843, que afirma que el Padre tiene un cuerpo de carne y huesos tan tangible como el del hombre, que el Hijo también lo tiene, y que el Espíritu Santo no tiene cuerpo de carne y huesos. (Doctrina y Convenios no forma parte del acervo de este sitio, por eso el pasaje aparece aquí solo citado.)

El cristianismo histórico afirma lo contrario sobre el Padre: Dios es incorpóreo por naturaleza. El Cuarto Concilio de Letrán (1215) define a Dios como "incorpóreo" de forma explícita, y la misma incorporeidad aparece en los credos y en los catecismos de las principales tradiciones. La encarnación se entiende como algo que le sucedió al Hijo, y solo al Hijo, en un momento de la historia: el Verbo asumió carne humana sin que la naturaleza divina pasara a ser corpórea.

24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

39 Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy: palpad, y ved; que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.

14 Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Las dos definiciones lado a lado

PuntoDoctrina SUD (mormona)Cristianismo histórico (niceno)
Nombre de la doctrinaTrinidad o Deidad (Godhead)Trinidad
Número de seresTres seres distintos y separadosUn solo ser (una sustancia)
Naturaleza de la unidadUnidad de propósito, mente y voluntadUnidad de esencia (homoousios)
Cuerpo del PadreCuerpo de carne y huesos glorificado (D. y C. 130:22)Incorpóreo, sin materia ni partes
Cuerpo del HijoCuerpo de carne y huesos glorificado tras la resurrecciónCuerpo humano asumido en la encarnación, unido a la naturaleza divina
Espíritu SantoPersonaje de espíritu, sin cuerpoPersona divina, de la misma sustancia del Padre y del Hijo
Origen de la formulaciónRevelaciones de José Smith (1830-1844)Concilios de Nicea (325) y Constantinopla (381)
Posición sobre los credosRechazados como formulaciones posapostólicasRegla de fe normativa

Por qué los credos entran en la cuenta

El rechazo de los credos es parte de la narrativa fundadora del movimiento. En el relato canónico de la Primera Visión, publicado en la Perla de Gran Precio, el joven José Smith afirma haber sido instruido a no unirse a ninguna de las iglesias existentes, y oye que los credos de ellas eran una abominación.

19 Foi-me respondido que não me unisse a qualquer delas, pois estavam todas erradas; e o Personagem que se dirigia a mim disse que todos os seus credos eram uma abominação a sua vista; que aqueles religiosos eram todos corruptos; que “eles se aproximam de mim com os lábios, mas seu coração está longe de mim; ensinam como doutrina os mandamentos de homens, tendo aparência de religiosidade, mas negam o seu poder.”

Para la teología SUD, esto sitúa la doctrina de la Trinidad SUD no como una corrección teológica puntual, sino como recuperación de una doctrina anterior a los concilios. Para la teología cristiana histórica, los concilios no inventaron la doctrina: articularon en lenguaje filosófico lo que la Escritura ya afirmaba, frente a disputas concretas como la arriana. Las dos tradiciones concuerdan sobre lo que está en juego, y discrepan sobre quién está describiendo al Dios de la Biblia.

Dos creencias relacionadas

Dos enseñanzas ligadas al tema aparecen con frecuencia en discusiones sobre el mormonismo, y vale la pena registrar el estatuto de cada una. La primera es la exaltación, la creencia de que los seres humanos pueden, por la gracia de Cristo y por los convenios, llegar a ser semejantes a Dios y heredar todo lo que el Padre tiene. La Iglesia publicó en 2014 un ensayo oficial sobre el tema ("Llegar a ser como Dios"), en el cual reconoce la doctrina y al mismo tiempo señala que muchos detalles populares sobre ella nunca fueron objeto de enseñanza oficial.

La segunda es la creencia en una Madre Celestial, esposa del Padre. Ella aparece en himnos y en documentos oficiales, incluido un ensayo propio publicado por la Iglesia, pero no es objeto de oraciones ni de doctrina desarrollada. Ninguna de las dos creencias tiene paralelo en el cristianismo católico, ortodoxo o protestante.

La obra del Padre, en la formulación SUD, se resume en una frase del libro de Moisés, en la Perla de Gran Precio, que la tradición de la Iglesia cita constantemente.

39 Pois eis que esta é minha obra e minha glória: Levar a efeito a imortalidade e vida eterna do homem.