
No. Los siete espíritus femeninos del capítulo 8 del Testamento de Salomón no son el origen de los siete pecados capitales. La lista cristiana de los capitales nace en otro lugar y en otros siglos: en los ocho logismoi de Evagrio Póntico (siglo IV) y en la reorganización hecha por Gregorio Magno (siglo VI). Lo que trae el capítulo 8 es otra cosa, y más extraña: siete demonios que se presentan como estrellas, dicen que las llaman diosas y llevan nombres de vicios (Engaño, Contienda, Klothod o Batalla, Celos, Poder, Error y "el peor de todos"). La coincidencia es el número siete. Y el siete, aquí, apunta menos a una lista moral que a un cúmulo de estrellas: las Pléyades.
Los siete espíritus y lo que cada una dice que hace
2 E vieram sete espíritos, fêmeas, amarrados e tecidos juntos, belos em aparência e belos.
3 E eu, Salomão, vendo-as, questionei-as e disse: “Quem são vocês?”
4 Mas elas, de comum acordo, disseram a uma só voz: “Somos dos trinta e três elementos do governante cósmico das trevas”.
| Orden | Nombre (v. 5-11) | Lo que dice que hace (v. 15-30) | Ángel que la frustra |
|---|---|---|---|
| 1 | Engaño | Engaña y teje trampas de un lado y de otro; estimula y excita herejías | Lamequiel |
| 2 | Contienda ("contienda de las contiendas") | Lleva maderas, piedras y perchas como armas al lugar del conflicto | Baraquiel |
| 3 | Klothod, "que es la batalla" | Hace que los bien portados se dispersen y caigan unos contra otros | Marmaroth |
| 4 | Celos | Hace olvidar la sobriedad y la moderación; separa a marido y mujer, a hijos y padres, a hermanos y hermanas | Balthial |
| 5 | Poder | Levanta tiranos, derriba reyes y da poder a todos los rebeldes | Asteraôth |
| 6 | Error | Induce al error (incluso a la muerte del hermano de Salomón) y a entrometerse en los sepulcros | Uriel |
| 7 | "El peor de todos" | Vuelve a su interlocutor peor de lo que era e impone "los lazos de Ártemis"; dice que la langosta lo liberará | Ninguno es nombrado |
Salomón las interroga una por una, de la primera a la séptima (v. 14). Seis nombran al ángel que las frustra; la séptima, que se dice "la peor", no nombra a ninguno: habla de imponer "los lazos de Ártemis" y de una langosta que la liberaría, pasaje oscuro cuyo sentido sigue en discusión. Dos notas de lectura. Los v. 6 y 19 dejan el término inglés Strife sin traducir, mientras que el v. 16 vierte ese mismo espíritu como "contenda" (contienda), señal de que la base de la versión en portugués es una traducción inglesa. Y el sexto espíritu, el Error, reclama para sí un crimen que la Biblia sí registra: la ejecución del hermano de Salomón.
Siete estrellas, siete diosas: las Pléyades
Los siete no se describen como monstruos. Se describen como astros: "siete estrellas humildes en brillo, y todas juntas", que cambian de lugar en conjunto y viven ora en Lidia, ora en el Olimpo, ora en una gran montaña. Siete estrellas pequeñas, agrupadas, femeninas y ligadas al Olimpo: ya F. C. Conybeare, en la traducción de 1898, anotó que el pasaje parece referirse a las Pléyades, remitió a Job 38:31 y recordó que se atribuía al cúmulo una influencia maligna. Observó también que agrupar espíritus malignos de siete en siete es común en el folclore babilónico y judío. La autopresentación del v. 4 tira hacia el mismo terreno astrológico: ellas se dicen parte de los "treinta y tres elementos del gobernante cósmico de las tinieblas". Conybeare juzgaba que allí se debía leer "treinta y seis", porque el capítulo 18 de la misma obra presenta treinta y seis espíritus, los decanos del zodíaco, que se dicen "los treinta y seis elementos, los gobernantes mundiales de esta oscuridad". Notó además que los siete del capítulo 8 no coinciden con esos treinta y seis, indicio de que la obra fue montada a partir de fuentes distintas.
Vicios con nombre propio: un hábito literario grecojudío
Personificar un vicio no es invención del Testamento de Salomón. Es práctica corriente en la literatura griega: apátē (engaño), éris (contienda), dýnamis (poder) y plánē (error) son sustantivos abstractos femeninos, y Hesíodo ya enumera a Apate y Eris entre las hijas de la Noche en la Teogonía. El tercer nombre es el más opaco: la forma Klothod no es palabra griega corriente, y el propio texto siente la necesidad de glosarla ("Klothod, que es la batalla"). Los comentaristas suelen aproximarla al verbo klótho, hilar, y a Cloto, una de las Moiras, las hilanderas del destino; es conjetura etimológica, no dato del texto. Del lado judío, el paralelo más cercano está en los Testamentos de los Doce Patriarcas: el Testamento de Rubén enumera siete espíritus del error alojados en partes del cuerpo humano (libertinaje, insaciabilidad, pelea, adulación y engaño, orgullo, mentira e injusticia). Esa lista sí es una lista de vicios, y se parece bastante más a los futuros capitales que la del capítulo 8. Pero la datación de los Testamentos es ella misma disputada, entre un núcleo judío precristiano con interpolaciones cristianas y una composición cristiana de los primeros siglos, de modo que nadie puede tratarla como eslabón comprobado de una cadena.
¿Es esto el origen de los siete pecados capitales? No
El linaje de los siete pecados capitales está documentado y no pasa por Salomón. Evagrio Póntico (c. 345-399), monje en el desierto egipcio, enumeró ocho logismoi, ocho pensamientos que asaltan al monje: gula, impureza, avaricia, tristeza, ira, acedia, vanagloria y soberbia. Su discípulo Juan Casiano llevó el esquema al Occidente latino en el primer cuarto del siglo V. Gregorio Magno, en el libro XXXI de las Moralia in Iob (comenzada como conferencias en Constantinopla hacia 579 y concluida ya en el pontificado, en la década de 590), reorganizó el conjunto: puso la soberbia por encima y fuera de la lista, como vitiorum regina, la reina de los vicios, absorbió la acedia en la tristeza y añadió la envidia, llegando a siete vicios principales. La lista popular de hoy es una tercera etapa, medieval y tardía, que cambia la tristeza por la pereza y funde la vanagloria en la soberbia.
| Evagrio Póntico (s. IV, ocho logismoi) | Gregorio Magno (s. VI, siete vicios principales) | Lista moderna de los siete capitales |
|---|---|---|
| Gula (gastrimargía) | Gula | Gula |
| Impureza (porneía) | Lujuria | Lujuria |
| Avaricia (philargyría) | Avaricia | Avaricia |
| Tristeza (lýpē) | Tristeza | Sin entrada propia, absorbida por la pereza |
| Ira (orgē) | Ira | Ira |
| Acedia (akēdía) | Absorbida en la tristeza | Pereza |
| Vanagloria (kenodoxía) | Vanagloria | Absorbida por la soberbia |
| Soberbia (hyperēphanía) | Fuera de la lista, como reina de los vicios | Soberbia |
| Ausente | Envidia | Envidia |
La afirmación de que los capitales vienen del Testamento de Salomón circula en textos de divulgación porque las dos listas tienen siete ítems y hablan de vicios. Es solo eso. Ninguno de los autores que construyeron la lista cita la obra, y el Testamento no sirve como fuente segura para lo que se pensaba en el siglo IV: las propuestas de datación van desde el final del siglo I d.C. hasta la Alta Edad Media, y la edición crítica de C. C. McCown (1922) tuvo que montarse sobre manuscritos griegos dispersos por el Monte Athos, Bolonia, Holkham Hall, Jerusalén, Londres, Milán, París y Viena, con variación considerable entre ellos. Los contenidos tampoco coinciden. De los siete nombres del capítulo 8, solo Celos coquetea con un capital, la envidia, y aun así lo que el texto le atribuye es hacer olvidar la sobriedad y separar a marido y mujer, a hijos y padres, a hermanos y hermanas, función de discordia y no de codicia por el bien ajeno. Engaño, Contienda, Klothod, Poder y Error no constan en ninguna redacción de la lista. El capítulo 8 es un catálogo de demonios astrológicos para uso mágico, con el nombre del ángel que neutraliza a cada uno. Los capitales son un mapa monástico de tentaciones interiores. Son dos géneros distintos, escritos para lectores distintos.