
Kunospaston es el demonio marino del Testamento de Salomón, descrito en el capítulo 16 como un espíritu con forma de caballo por delante y de pez por detrás, ávido de oro y plata, que se enrolla en una ola, embiste contra los barcos y hace tropezar a quienes navegan. Salomón lo interroga, descubre que el ángel Iameth lo anula y lo encierra en un frasco con agua de mar, sellado con el anillo y depositado en el Templo. El nombre aparece en los manuscritos y en las traducciones también como Kunopaston, Kunopegos y Cynopegos, y la explicación que el propio texto da de él, la de que asume la forma humana, es el enigma del pasaje.
Lo que el capítulo 16 dice realmente
2 e apareceu diante de mim outro demônio, tendo na frente a forma de um cavalo, mas atrás de um peixe.
3 E ele tinha uma voz poderosa e disse-me: “Ó rei Salomão, eu sou um espírito feroz do mar e sou ávido por ouro e prata.
4 Eu sou um espírito que se arredonda e vem sobre as extensões das águas do mar, e faço tropeçar os homens que nele navegam.
5 Pois eu me envolvo em uma onda, e me transformo, então me jogo em navios e vou direto para eles.
6 E esse é o meu negócio, e minha maneira de conseguir dinheiro e homens.
7 Pois eu pego os homens, e os giro comigo mesmo, e os lanço fora do mar.
8 Pois não sou cobiçoso dos corpos dos homens, mas os lancei para longe do mar.
El retrato es mercantil, no cósmico. El demonio llama a su propia actividad un negocio, una manera de conseguir dinero y hombres, y al mismo tiempo declara que no codicia los cuerpos: los hace girar consigo y los arroja fuera del mar. Las dos frases conviven mal, y es el propio texto el que las pone una al lado de la otra. Lo que describen, visto desde fuera, es un naufragio: lo que el mar devuelve a la playa y lo que queda en el fondo con el barco. El capítulo también lo encaja en la jerarquía del libro. Dice que Belcebú, llamado allí gobernante de los espíritus del aire y de los que están bajo la Tierra, tiene con él una realeza conjunta, y que subió del mar para tratar asuntos con ese príncipe. Poco después, sin embargo, cuenta que fue el propio Belcebú quien lo ató y lo entregó en manos de Salomón, lo que complica la idea de una sociedad entre iguales.
13 Metamorfoseio-me em ondas, e subo do mar.
14 E eu me mostro aos homens, para que os da Terra me chamem de Kunospaston, porque assumo a forma humana.
15 E meu nome é verdadeiro. Pois pela minha passagem para os homens, eu envio uma certa náusea.
16 Eu vim então para me aconselhar com o príncipe Belzebul; e ele me amarrou e me entregou em suas mãos.
17 E eu estou aqui diante de você por causa deste selo, e agora você me atormenta.
18 Observe agora, em dois ou três dias o espírito que conversou com você vai falhar, porque não terei água.”
19 E eu disse a ele: “Diga-me por qual anjo você está frustrado.”
20 E ele respondeu: "Pelo anjo Iameth."
21 E eu glorifiquei a Deus.
22 Eu ordenei que o espírito fosse jogado em um frasco junto com dez jarros de água do mar de duas medidas cada.
23 E eu os selei acima dos mármores e asfalto e piche na boca do navio.
24 E tendo-o selado com meu anel, ordenei que fosse depositado no Templo de Deus.
La náusea es el detalle más concreto del capítulo. Entre los daños que el libro reparte entre sus demonios, casi todos enfermedades, dolores y desgracias domésticas, este es el mareo de quien navega, y el texto lo presenta como prueba de que el nombre es verdadero. La prisión, en cambio, sigue el formato fijo del Testamento, que interroga a cada espíritu por nombre, daño y ángel que lo anula, y después lo neutraliza. Aquí la fórmula gana un refinamiento: el frasco recibe diez jarras de agua de mar, justo después de que el demonio avisa de que en dos o tres días fallaría por falta de agua. El texto no declara la relación entre ambas cosas, pero es difícil no verla, y este parece ser el único caso del libro en que el espíritu se guarda junto con su elemento. El sello incluye mármol, asfalto y brea, y el recipiente va al Templo, con la traducción oscilando entre frasco, cuenco y una expresión truncada, la boca del navío, en el punto en que el griego habla del vaso. Vasijas lacradas y brea son materiales corrientes de la magia grecorromana de vinculación, lo que ayuda a explicar por qué el libro se lee menos como narración y más como manual: cada demonio es una cerradura, y el texto entrega la llave.
De dónde viene el nombre: Kunospaston, Kunopegos, Cynopegos
La única parte estable del nombre en griego es el comienzo, kyn-, de kýon, perro. El resto oscila entre los manuscritos, y la oscilación aparece dentro del propio capítulo: los encabezados que la tradición manuscrita añadió al pasaje traen Kunopaston en un punto y Kunospaston en el otro. F. C. Conybeare, en la traducción inglesa de 1898, imprimió la forma con la s entre corchetes precisamente para registrar la duda, y la edición crítica de Chester C. McCown, de 1922, es la referencia para quien quiera comparar los testimonios. De ahí descienden las grafías Kunospaston, Kunopaston, Kunopegos y Cynopegos que circulan hoy. Las lecturas más discutidas tiran hacia lados distintos: kynopēgos liga el segundo elemento a pēgē, fuente o chorro, o a pēgnymi, fijar; kynospaston lo liga a spáō, tirar o arrancar, algo así como arrancado por un perro. Ninguna de las dos significa caballo marino. Esa traducción es de conveniencia y se afirmó en las listas modernas de demonios por la descripción del versículo 2, no por el nombre.
Queda la frase más extraña del pasaje, la de que los hombres lo llaman así porque asumo la forma humana. Conybeare propuso una salida en nota: Plinio el Viejo, en la Historia Natural, registra una planta llamada cynosbaton, dicha también cynospaston y neurospaston, cuya hoja, según él, recuerda la huella de un hombre. Si el nombre del demonio viene de ahí, la forma humana no es su cuerpo, sino el dibujo de la hoja, y el texto estaría repitiendo una explicación botánica que ya no entendía. Es una conjetura, no un consenso. Gana peso porque otra planta de nombre casi igual carga una leyenda vecina: se recogía atando un perro a la raíz, para que el animal la arrancara y muriera en lugar del recolector. Flavio Josefo describe exactamente ese procedimiento con la raíz de Baaras, en el valle de Maqueronte, y dice que expulsa demonios. La mandrágora heredaría esa leyenda en la Edad Media. Nada de esto está en el Testamento, pero muestra que kyn- más raíz arrancada era vocabulario corriente entre quienes escribían sobre expulsar espíritus.
3 Dentro desse palácio crescia uma espécie de arruda digna de admiração pelo tamanho. Não era de modo algum inferior a qualquer figueira, seja em altura, seja em grossura. Conta-se que ela durava desde os tempos de Herodes, e provavelmente teria durado muito mais se não fosse cortada pelos judeus que depois tomaram o lugar. No vale que cerca a cidade pelo lado norte há um certo lugar chamado Baaras, que produz uma raiz com o mesmo nome. Sua cor é parecida com a da chama, e ao anoitecer emite um certo raio semelhante a um relâmpago. Não é fácil de colher por quem tenta, pois recua das mãos e não se deixa apanhar com tranquilidade, a menos que se derrame sobre ela urina de mulher ou seu sangue menstrual. E mesmo então é morte certa para quem a toca, a não ser que a pessoa pegue a raiz e a deixe pendurada da mão, carregando-a assim. Há ainda outro modo de colhê-la sem perigo, que é este: cavam uma vala em volta dela até que a parte oculta da raiz fique bem fina. Depois amarram um cão a ela. Quando o cão se esforça por seguir quem o amarrou, a raiz é facilmente arrancada, mas o cão morre na hora, como se morresse no lugar do homem que ia retirar a planta. Depois disso ninguém precisa ter medo de pegá-la nas mãos. Apesar de todo esse trabalho para obtê-la, ela só vale por uma virtude que possui: se for apenas levada aos doentes, logo expulsa os chamados demônios, que nada mais são que os espíritos dos maus, que entram em pessoas vivas e as matam, a menos que estas consigam algum socorro contra eles. Há também ali fontes de água quente que brotam desse lugar, e têm sabor muito diferente umas das outras. Algumas são amargas, outras claramente doces. Há também muitos jorros de águas frias, e isso não só nos lugares mais baixos, onde as fontes ficam próximas umas das outras, mas, o que é ainda mais admirável, vê-se ali perto uma certa gruta, cuja cavidade não é profunda, coberta por uma rocha saliente. Acima dessa rocha erguem-se dois [montes ou] seios, por assim dizer, um pouco afastados um do outro. Um deles lança uma fonte muito fria, e o outro lança uma muito quente. Essas águas, quando se misturam, formam um banho dos mais agradáveis. São de fato medicinais para outras enfermidades, mas especialmente boas para fortalecer os nervos. Esse lugar também tem minas de enxofre e de alúmen.
El mar como enemigo: la larga familia de los monstruos marinos
Kunospaston no nace de la nada. Es el heredero tardío y rebajado de un linaje que atraviesa todo el Antiguo Oriente Próximo: el mar como poder hostil, personificado en un monstruo que el dios supremo tiene que derrotar. En Ugarit, Baal derriba al Príncipe Yamm, literalmente el Mar, con dos mazas forjadas y bautizadas por el artesano divino Kothar. En Babilonia, Marduk captura a Tiamat, el océano primordial, en una red, le llena el vientre con el viento malo y después parte el cuerpo en dos mitades para montar el cosmos. La Biblia hebrea usa el mismo lenguaje, pero subordina a los monstruos: Leviatán, Rahab y los tanninim aparecen ya aplastados, contados entre las criaturas de Dios o reservados para un juicio futuro.
La distancia entre esos textos y el capítulo 16 mide el recorrido mismo de la idea. En Ugarit y en Babilonia el mar es un dios rival y el combate crea el mundo. En Isaías y en el Salmo 74 el monstruo ya es criatura vencida, y el lenguaje antiguo sobrevive como poesía sobre el poder de Dios. Vale notar que Isaías 27:1 califica al Leviatán con dos adjetivos, traducidos habitualmente por veloz y tortuosa, que en hebreo (bariach y aqallaton) reproducen las mismas dos fórmulas usadas en Ugarit para Lotán, la forma cananea del nombre Leviatán. Muchos estudiosos consideran que ese es el paralelo verbal más directo entre los dos cuerpos de texto. En el Apocalipsis el mar vuelve a ser origen del mal, pero político: la bestia que sube de él es un imperio. Y en el Testamento de Salomón el heredero de ese linaje es un espíritu que provoca mareo, codicia oro y cabe en un pote. La datación del Testamento es disputada: parte de los estudiosos sitúa un núcleo entre los siglos I y III, otros defienden una composición bastante más tardía, y es ampliamente aceptado que la forma transmitida trae capas bizantinas. Separar lo que el texto afirma de lo que se añadió después es lo esencial aquí, porque casi todo lo que se lee hoy sobre este demonio viene de la segunda categoría.
| Afirmación sobre Kunospaston | Dónde está eso |
|---|---|
| Caballo por delante, pez por detrás | En el texto (16:2) |
| Ávido de oro y plata, se envuelve en una ola y embiste contra los barcos | En el texto (16:3-5) |
| Hace girar a los hombres y los arroja fuera del mar, diciendo que no codicia los cuerpos | En el texto (16:6-8) |
| Provoca náusea a quien navega | En el texto (16:15) |
| Es neutralizado por el ángel Iameth | En el texto (16:19-20) |
| Preso en un frasco con diez jarras de agua de mar, sellado con el anillo, guardado en el Templo | En el texto (16:22-24) |
| Tiene realeza conjunta con Belcebú | En el texto (16:9-11), pero en 16:16 es Belcebú quien lo ata y lo entrega a Salomón |
| El nombre significa caballo marino | Fuera del texto: traducción de conveniencia. El griego trae kyn-, perro |
| El nombre viene de una planta descrita por Plinio | Conjetura de Conybeare en nota, plausible y no comprobada |
| Es el mismo ser que Leviatán o Rahab | Fuera del texto: el Testamento nunca hace esa identificación |
| Figura entre los demonios convocables de la Goecia | Fuera del texto: no está entre los 72 nombres del Lemegeton |
| Fue un dios del mar rebajado a demonio | Lectura moderna plausible, pero ninguna fuente antigua lo afirma de él |