
Los Vigilantes son los doscientos ángeles que, en 1 Henoc, descienden sobre el monte Hermón, juran entre sí y toman mujeres humanas por esposas. Diecinueve de sus jefes aparecen nombrados, y el texto atribuye a varios de ellos un saber específico enseñado a los hombres: armas y ornamentos a Azael, sortilegios a Samyaza, la observación de las estrellas a Narakijal, la escritura con tinta y papel a Penemue. Los nombres varían de manuscrito a manuscrito y de traducción a traducción, y por eso el mismo ángel aparece como Semiaza, Semjaza o Shemihazah según la edición que se abra. La traducción disponible en este sitio vierte el texto etíope en la línea de Richard Laurence (1821), pero adopta la numeración de capítulos de las ediciones modernas y normaliza buena parte de los nombres propios según R. H. Charles; donde ambos linajes divergen, la divergencia queda anotada abajo.
8 Todo su número era doscientos, los cuales descendían de Ardis, el cual es la cima del monte Hermón.
9 Aquel monte, por tanto, fue llamado Hermón, porque habían jurado sobre él y se habían ligado por mutuo juramento.
10 Estos son los nombres de sus jefes: Samyaza, que era su líder, Arakiba, Rameel, Kokabiel, Tamiel, Ramiel, Danei, Ezekeel, Narakijal, Azael, Armaros, Batarel, Ananel, Sakeil, Samsapeel, Satarel, Turel, Jomjael y Sariel.
El juramento viene antes de la caída. Samyaza propone el pacto y dice temer que solo él acabe pagando por un crimen colectivo (1 Henoc 6:3-4); los demás se ligan entonces por imprecación mutua sobre el monte. El texto explica el topónimo con esa escena: el monte se llamó Hermón porque allí juraron. La lectura más común entre los comentaristas ve ahí un juego etimológico con la raíz hebrea y aramea ḥrm (ḥerem), que designa lo que es prohibido, consagrado por voto, puesto bajo anatema, y funciona en ambas lenguas. La traducción del sitio dice que los doscientos “descendían de Ardis, el cual es la cima del monte Hermón”, siguiendo a Laurence; la edición de R. H. Charles (1893, mantenida en 1912) lee en el mismo lugar “en los días de Jared”, otro juego de palabras, ya que el nombre Jared (yrd) evoca el verbo descender. El término “Vigilantes” traduce el arameo ʿirin y el griego egrēgoroi, literalmente “los que velan”; esta traducción prefiere “Centinelas”, y la misma palabra aparece en Daniel, donde la sentencia sobre Nabucodonosor se dicta “por decreto de los vigilantes”.
Lo que cada Vigilante enseñó a los hombres
La lista de las enseñanzas no está en el capítulo 6, sino en el 8, con un resumen en el 9. Son dos bloques de texto distintos, y las grafías no coinciden: el capítulo 8 trae Azaziel, Amazaraque, Armers, Barkayal, Akibeel, Tamiel y Asaradel, nombres que los editores modernos alinean con los del capítulo 6, pero ese alineamiento es reconstrucción, no algo que el texto declare. La versión de Charles enumera ocho maestros en 8:3 (Semjaza, Armaros, Baraqijal, Kokabel, Ezeqeel, Araqiel, Shamsiel y Sariel); la versión del sitio, que aquí sigue a Laurence, enumera seis después de Azaziel, y distribuye las materias de otro modo. Donde ambas divergen, la tabla registra las dos.
1 ADEMÁS, Azaziel enseñó a los hombres a fabricar espadas, cuchillos, escudos, armaduras (o petos), la elaboración de espejos y la manufactura de brazaletes y ornamentos, el uso de pinturas, el embellecimiento de las cejas, el empleo de todo tipo de piedras preciosas seleccionadas, y toda clase de tintes, para que el mundo fuera alterado.
2 La impiedad se incrementó, la fornicación se multiplicó; y ellos transgredieron y corrompieron todos sus caminos.
3 Amazaraque enseñó todos los sortilegios y divisores de raíces:
4 Armers enseñó la solución de sortilegios;
5 Barkayal enseñó a los observadores de las estrellas,
6 Akibeel enseñó señales;
7 Tamiel enseñó astronomía;
8 Y Asaradel enseñó el movimiento de la luna,
| Nombre (grafía del sitio) | Variantes | Lo que el texto le atribuye |
|---|---|---|
| Samyaza | Semjaza, Semiaza, Shemihazah (arameo šmyḥzh), Semiazas (griego) | Líder de los doscientos. Propone el pacto y teme responder solo por él (6:3-4). En 9:10 es él quien enseña sortilegios; en 8:3 la misma materia aparece bajo el nombre Amazaraque. |
| Arakiba | Araquiel, Araqiel, Akibeel (grafía de 8:6) | “Señales”, esto es, presagios (8:6). Charles especifica “las señales de la tierra”. |
| Rameel | Ramiel, Ramael, Rumael | Ninguna enseñanza atribuida. Solo figura en las listas. |
| Kokabiel | Kokabel, Kôkabîêl, “estrella de Dios” | Sin enseñanza en esta traducción. En Charles enseña las constelaciones. |
| Tamiel | Tumael, Tûmâʾêl | Astronomía (8:7). Esta traducción da el mismo nombre al quinto ángel de la lista del capítulo 69, donde Laurence lee Kasyade y Charles lee Kâsdejâ; la identificación es decisión de esta edición, no de los manuscritos (ver la segunda tabla). |
| Ramiel | Rumel, Ramiel | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Danei | Danel, Dânêl, Daniel | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Ezekeel | Ezequeel, Êzêqêêl | Sin enseñanza en esta traducción. En Charles enseña el conocimiento de las nubes. |
| Narakijal | Baraquiel, Baraqijal, Barkayal (grafía de 8:5) | Enseñó a “los observadores de las estrellas” (8:5), lo que Charles entiende como astrología. |
| Azael | Azazel, Azaziel (grafía de 8:1 y 9:9), ʿAsaʾel en los fragmentos arameos de Qumrán | Espadas, cuchillos, escudos y armaduras; espejos, brazaletes y ornamentos; pinturas, el embellecimiento de las cejas, piedras preciosas y tintes (8:1). En 10:12-13 toda la corrupción de la tierra se le imputa a él. |
| Armaros | Armers (8:4), Armen (69:2), Arʾmarôs | Enseñó a deshacer encantamientos (8:4). |
| Batarel | Bataryal, Batarjal | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Ananel | Hananel, Ananiel | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Sakeil | Zaqiel, Saqiel; quizá el Basasael de 69:2 | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Samsapeel | Samsaveel, Shamsiel (“sol de Dios”), Simapiseel (69:2) | Sin enseñanza en esta traducción. En Charles enseña las señales del sol. |
| Satarel | Sartael, Jetarel (69:2) | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Turel | Turyal, Tarel | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Jomjael | Yomiel, Jomjael | Ninguna enseñanza atribuida. |
| Sariel | Seriel, Sarîêl; probablemente el Asaradel de 8:8 | Enseñó el movimiento de la luna (8:8). Un Suriel aparece en 9:1 entre los arcángeles fieles, lo que confunde ambas figuras en buena parte de la tradición. |
| Amazaraque | Amazarak; corresponde al Semjaza de Charles 8:3 | Todos los sortilegios y los divisores de raíces, esto es, la farmacopea mágica (8:3). No consta en la lista de jefes del capítulo 6. |
Hay una segunda lista, en el capítulo 69, y no coincide con la primera. Son veintiún nombres, en orden distinto, y traen a Azazel y a Azaziel como dos ángeles diferentes (el décimo y el vigésimo primero); el segundo de la serie aparece aquí como Arakiba, donde Laurence lee Arstikapha y Charles lee Artaqifa. Poco después el texto cambia de método: en vez de repetir la lista, destaca cinco figuras y describe la función de cada una, más un sexto ángel ligado al juramento cósmico. Es en ese bloque donde aparecen los dos nombres de mayor peso posterior, Gadreel y Penemue.
| Nombre (grafía del sitio) | Variantes | Lo que el texto le atribuye |
|---|---|---|
| Jekon | Jeqon, Yekun (Laurence), Yeqon | Sedujo a los hijos de los santos ángeles y los hizo descender a la tierra (69:4). |
| Asbeel | Kesabel (Laurence), Asbeêl, Asbʾel | Dio el mal consejo, llevándolos a corromper sus propios cuerpos engendrando seres humanos (69:5). |
| Gadreel | Gadrel (Laurence), Gâdreêl, Gadriel | Sedujo a Eva y reveló a los hombres los instrumentos de muerte: la cota de malla, el escudo y la espada (69:6-8). |
| Penemue | Pênemûe, Penemuel | Enseñó “el amargor y la dulzura”, los secretos de la sabiduría y la escritura con tinta y papel (69:9-13). |
| Tamiel (solo en esta traducción) | Kasyade (Laurence), Kâsdejâ (Charles), Kasdeja (Nickelsburg) | Los golpes de espíritus y demonios: el golpe del embrión en el vientre para reducirlo, el golpe por la mordedura de la serpiente y el golpe del mediodía dado por el hijo de la serpiente, llamado Tabaet (69:17-18). En las ediciones más antiguas este ángel tiene nombre propio y no se confunde con el Tamiel del capítulo 6. |
| Kasbeel | Kesbeel, Kasbel (Laurence); el nombre dado en 69:20 es Bika (Beka en Laurence, Bîqâ en Charles) | No enseña nada. Es el ángel asociado al juramento que sostiene la creación, y pide a Miguel que revele el nombre sagrado. El pasaje es oscuro en todas las traducciones. |
4 El nombre del primero es Jekon: él fue quien sedujo a todos los hijos de los santos ángeles y los hizo descender a la tierra, conduciendo erróneamente a la descendencia de los hombres.
5 El nombre del segundo es Asbeel, quien dio malos consejos a los hijos de los santos ángeles y los condujo a corromper sus cuerpos engendrando seres humanos.
6 El nombre del tercero es Gadreel: él descubrió todo golpe de muerte para los hijos de los hombres.
7 Él sedujo a Eva y descubrió a los hijos de los hombres los instrumentos de muerte: la cota de malla, el escudo y la espada para matar; todo instrumento de muerte para los hijos de los hombres.
8 Estas cosas procedieron de sus manos para los que habitan sobre la tierra de aquel período para siempre.
9 El nombre del cuarto es Penemue: él enseñó a los hijos de los hombres el amargor y la dulzura,
10 Y les mostró todo el secreto de su sabiduría.
11 Él también instruyó a los hombres en la escritura con tinta y sobre papel,
12 Y con esto muchos se corrompieron, desde los tiempos antiguos por todas las épocas, hasta los días de hoy.
13 Pues los hombres no fueron creados para fortalecer su honestidad de esa manera, por medio de pluma y tinta.
Gadreel es el caso más notable de la lista, porque 1 Henoc 69:7 hace lo que el Génesis no hace: identifica a quien sedujo a Eva, y le da a ese alguien un nombre de ángel. Génesis 3 llama a la figura solo serpiente, el más astuto de los animales del campo, y nunca la asocia a un ángel caído ni a Satanás; la lectura que funde ambas cosas es posterior al texto hebreo, y este versículo es uno de sus testimonios más antiguos. Nótese que, incluso aquí, la fusión es parcial: Gadreel no es el jefe de los Vigilantes ni se confunde con Azazel, y el mismo versículo le atribuye la invención de las armas, un tema que en el capítulo 8 pertenece a Azael. Textos emparentados toman decisiones distintas: en la Vida de Adán y Eva quien está detrás de la serpiente es el diablo, que la recluta y habla por su boca, sin mención alguna a Gadreel; la explicación de la caída del diablo por su negativa a adorar a Adán pertenece a la recensión latina de esa obra, no a la griega que se lee aquí.
1 E o diabo falou à serpente, dizendo: 'Levante-se, venha até mim e eu lhe direi uma palavra com a qual você pode ter proveito.' E ela se levantou e foi até ele.
2 E o diabo disse a ela: 'Ouço dizer que você é mais sábia que todos os animais, e vim aconselhá-la. Por que você come do joio de Adão e não do paraíso?
3 Levante-se e faremos com que ele seja expulso do paraíso, assim como nós fomos expulsos por causa dele.'
4 A serpente disse a ele: 'Tenho medo de que o Senhor fique irado comigo.' O diabo disse a ela: 'Não tenha medo, apenas seja meu instrumento e eu falarei pela sua boca palavras para enganá-lo.'
Penemue rinde el juicio más extraño del libro. Enseña “el amargor y la dulzura”, que los comentaristas entienden ora como discernimiento moral, ora como el uso de fármacos, y a continuación enseña la escritura con tinta y papel. El texto lo trata como catástrofe: los hombres no fueron creados para afianzar su honestidad por pluma y tinta, y por ese conocimiento se arruinaron. La escritura entra en la lista de artes prohibidas junto a las armas y la magia. La paradoja es evidente y los comentaristas suelen señalarla: la condena de la escritura llega hasta nosotros por escrito, en un libro que se presenta como revelación registrada por el escriba Henoc. Algunas lecturas entienden que el blanco no es la escritura en sí, sino el contrato y el documento como instrumentos de fraude y opresión; otras ven ahí la resistencia de un medio de transmisión oral frente a una tecnología que le quitaba el monopolio. El texto no lo decide.
Toda la narración se ancla en cuatro versículos del Génesis, y es ahí donde empieza la divergencia exegética. Génesis 6:1-4 dice que los hijos de Dios tomaron por mujeres a las hijas de los hombres y que había gigantes en la tierra, sin nombrar a nadie y sin llamar a aquello una caída. 1 Henoc rellena cada hueco: cuántos eran, cómo se llamaban, dónde juraron, qué enseñaron y cuál fue la pena. Las lecturas posteriores se separan. La tradición rabínica tendió a entender a los “hijos de Dios” como hombres, hijos de nobles o de jueces, y el Génesis Rabá llega a registrar una maldición de Rabí Simeón ben Yohai contra quien los llamara hijos de Dios. Entre los cristianos, los autores de los siglos II y III leyeron en general ángeles; a partir de Julio Africano, en el siglo III, ganó terreno la lectura de que eran descendientes de Set mezclados con el linaje de Caín, que Agustín consolidó en el siglo V. La lectura hoy mayoritaria en la academia entiende que el texto del Génesis presupone seres divinos, y que 1 Henoc expande una tradición ya existente en vez de inventarla.
2 Tendo Deus feito o mundo inteiro, submetido as coisas terrestres aos homens e ordenado os elementos do céu, impondo-lhes também uma lei divina para o crescimento dos frutos e variação das estações -os quais também claramente ele fez para os homens -, entregou-o, assim como as coisas sob o céu, aos cuidados dos anjos que para isso designou.
3 Mas os anjos, violando essa ordem, deixaram-se vencer por seu amor pelas mulheres e geraram filhos, que são os chamados demônios.
El Nuevo Testamento conoce la versión henóquica. Judas y 2 Pedro hablan de ángeles que no guardaron su dignidad y fueron entregados a prisiones de oscuridad hasta el juicio, que es la sentencia ejecutada en 1 Henoc 10:6-9, sobre Azazel, y en 10:18-19, sobre Samyaza y los suyos. Y Judas 14-15 cita el oráculo que abre el libro (1 Henoc 1:9 en las ediciones críticas, 1:12 en la numeración de esta traducción), atribuyendo la profecía a Henoc, el séptimo después de Adán. Si esa cita implica que Judas tenía el libro por Escritura es cuestión disputada desde la Antigüedad, y el propio texto de Judas no lo decide.
La capa de divergencia empieza en las propias listas. Los fragmentos arameos de Qumrán (4Q201, la copia más antigua del libro, fechada por Milik en la primera mitad del siglo II a.C.) traen al jefe como šmyḥzh, Shemihazah, y al maestro de las artes prohibidas como ʿAsaʾel, sin la doble z; el etíope, base de todas las traducciones en lenguas modernas, ya trae formas contaminadas por Azazel. De ahí las tres grafías que circulan en español: Semiaza, Semjaza y Shemihazah para el primero, Azael, Azazel y Azaziel para el segundo. La crítica, desde los artículos de G. W. E. Nickelsburg y Paul Hanson, ambos de 1977, suele ver en los capítulos 6 a 11 dos tradiciones cosidas: la de Shemihazah, que es una narración sobre la unión ilícita y los gigantes, y la de Asael, que es un comentario sobre la enseñanza de artes prohibidas. Eso explicaría por qué las enseñanzas aparecen en un bloque aparte, por qué 10:12-13 se lo imputa todo a un solo ángel después de que el capítulo 6 hubiera nombrado a diecinueve, y por qué los nombres se multiplican sin sistema. La tesis de las dos fuentes es hoy la más aceptada, pero no es unánime: hay quien lee los capítulos como composición unitaria, con el material de Asael funcionando como desarrollo interno y no como fuente independiente. La cuestión aparte, sobre si ese Asael es el mismo Azazel del macho cabrío enviado al desierto en Levítico 16, se trata en otra página de este tema.
Vale distinguir lo que está en el texto de lo que vino después. Están en el texto: los doscientos, el juramento en el Hermón, las dos listas de nombres, el currículo del capítulo 8, Gadreel y Eva, Penemue y la escritura, la prisión de Azazel en Dudael y la orden de atar a Samyaza por setenta generaciones hasta el juicio. No están en el texto y pertenecen a la recepción posterior: la designación “Grigori”, forma eslava del griego egrēgoroi, como nombre propio de una clase angélica, popularizada por 2 Henoc; la escena de Semiaza colgado cabeza abajo en la constelación de Orión, que viene de midrashim sobre Shemhazai y Azael; la distribución de los ángeles caídos en jerarquías nobiliarias, con duques, marqueses y condes, que es convención de los grimorios de los siglos XVI y XVII y de las demonologías modernas, no de 1 Henoc; y la asociación de Azazel con un macho cabrío de cuernos, que es fusión con material bíblico distinto. Lo que 1 Henoc ofrece es más restringido y más interesante que el folclore que engendró: un catálogo de nombres con una tesis incorporada, la de que la violencia, el ornamento, la adivinación y la escritura no son conquistas humanas, sino filtraciones de un saber que no debía haber descendido.