Belcebú, el señor de las moscas

Figura encapuchada sentada en un asiento elevado de piedra, con una lengua de llama brotando del cuerpo y la estrella de la mañana arriba

Belcebú es el nombre que los adversarios de Jesús usan en los Evangelios para acusarlo de expulsar demonios por medio del jefe de los demonios. El mismo nombre, con una consonante distinta, pertenece a un dios filisteo de la ciudad de Ecrón que el rey Ocozías manda consultar en el Antiguo Testamento. Entre las dos escenas hay cerca de nueve siglos y un cambio de letra que la academia todavía discute.

Baal-Zebub, el dios de Ecrón

Ocozías, hijo de Acab, cae por la celosía de la sala alta del palacio en Samaría y enferma. En lugar de consultar al Dios de Israel, envía mensajeros a Ecrón, ciudad filistea, para preguntar a Baal-Zebub si sanará. Elías intercepta a los mensajeros en el camino. El nombre aparece cuatro veces en el capítulo (versículos 2, 3, 6 y 16) y en ningún otro lugar del texto hebreo de la Biblia. Vale notar lo que el texto NO hace: trata a Baal-Zebub como un dios extranjero con un oráculo en funcionamiento, no como un demonio. La acusación de Elías es de idolatría y de desconfianza, no de contacto con el infierno. El proceso más amplio, por el cual los dioses de las naciones pasan a leerse como demonios, se trata en otra página de este tema.

2 E caiu Acazias pelas grades de um quarto alto, que tinha em Samaria, e adoeceu; e enviou mensageiros, e disse-lhes: Ide, e perguntai a Baal-Zebube, deus de Ecrom, se sararei desta doença.

3 Mas o anjo do Senhor disse a Elias, o tisbita: Levanta-te, sobe para te encontrares com os mensageiros do rei de Samaria, e dize-lhes: Porventura não Deus em Israel, para irdes consultar a Baal-Zebube, deus de Ecrom?

4 E por isso assim diz o Senhor: Da cama, a que subiste, não descerás, mas sem falta morrerás. Então Elias partiu.

5 E os mensageiros voltaram para ele; e ele lhes disse: Que há, que voltastes?

6 E eles lhe disseram: Um homem saiu ao nosso encontro, e nos disse: Ide, voltai para o rei que vos mandou, e dizei-lhe: Assim diz o Senhor: Porventura não Deus em Israel, para que mandes consultar a Baal-Zebube, deus de Ecrom? Portanto da cama, a que subiste, não descerás, mas sem falta morrerás.

7 E ele lhes disse: Qual era a aparência do homem que veio ao vosso encontro e vos falou estas palavras?

8 E eles lhe disseram: Era um homem peludo, e com os lombos cingidos de um cinto de couro. Então disse ele: É Elias, o tisbita.

9 Então o rei lhe enviou um capitão de cinqüenta com seus cinqüenta; e, subindo a ele (porque eis que estava assentado no cume do monte), disse-lhe: Homem de Deus, o rei diz: Desce.

10 Mas Elias respondeu, e disse ao capitão de cinqüenta: Se eu, pois, sou homem de Deus, desça fogo do céu, e te consuma a ti e aos teus cinqüenta. Então fogo desceu do céu, e consumiu a ele e aos seus cinqüenta.

11 E tornou o rei a enviar-lhe outro capitão de cinqüenta, com os seus cinqüenta; ele lhe respondeu, dizendo: Homem de Deus, assim diz o rei: Desce depressa.

12 E respondeu Elias: Se eu sou homem de Deus, desça fogo do céu, e te consuma a ti e aos teus cinqüenta. Então o fogo de Deus desceu do céu, e o consumiu a ele e aos seus cinqüenta.

13 E tornou a enviar um terceiro capitão de cinqüenta, com os seus cinqüenta; então subiu o capitão de cinqüenta e, chegando, pôs-se de joelhos diante de Elias, e suplicou-lhe, dizendo: Homem de Deus, seja, peço-te, preciosa aos teus olhos a minha vida, e a vida destes cinqüenta teus servos.

14 Eis que fogo desceu do céu, e consumiu aqueles dois primeiros capitães de cinqüenta, com os seus cinqüenta; porém, agora seja preciosa aos teus olhos a minha vida.

15 Então o anjo do Senhor disse a Elias: Desce com este, não temas. E levantou-se, e desceu com ele ao rei.

16 E disse-lhe: Assim diz o Senhor: Por que enviaste mensageiros a consultar a Baal-Zebube, deus de Ecrom? Porventura é porque não Deus em Israel, para consultar a sua palavra? Portanto desta cama, a que subiste, não descerás, mas certamente morrerás.

El nombre hebreo es ba'al zevuv, literalmente "señor de la mosca", en singular. "Señor de las moscas" es la forma idiomática que consagraron las traducciones. La lectura "mosca" es antigua y no es invención cristiana: la Septuaginta, cuya traducción de los libros de los Reyes suele fecharse en el siglo II a.C., traduce en lugar de transliterar, y escribe Baal muian, "Baal Mosca, dios de Acarón"; Flavio Josefo hace lo mismo en las Antigüedades, donde Ocozías manda consultar "a la Mosca, que era el dios de Ecrón". El problema es que zevuv desentona con todo lo que se sabe sobre la titulatura cananea. En las tablillas de Ugarit, de los siglos XIV y XIII a.C., Baal recibe el epíteto zbl b'l ars, "príncipe, señor de la tierra", y zbl es un título honorífico corriente; la misma raíz lleva además el sentido de morada elevada. De ahí la lectura hoy mayoritaria entre los comentaristas: el nombre original sería ba'al zevul, "Baal, el Príncipe", y escribas israelitas habrían cambiado la l final por b para convertir el título en una burla. No es consenso. Una línea minoritaria sostiene que sí había un dios mosca en Ecrón, con función apotropaica contra plagas y enfermedades, lo que encajaría con una consulta oracular sobre una dolencia. Ambos lados argumentan sin atestación externa directa: ninguna inscripción filistea conocida trae el nombre Baal-Zebub, y la inscripción real de Ecrón hallada en Tel Miqne en 1996 dedica el templo a una divinidad llamada Ptgyh, leída en general como una diosa y hasta hoy no identificada con seguridad.

FormaDónde apareceQué significa
ba'al zevuv (בַּעַל זְבוּב)Texto hebreo de 2 Reyes 1Señor de la mosca, en singular
Baal muianSeptuaginta y Flavio JosefoBaal Mosca: traducido, no transliterado
zbl b'l arsTablillas de Ugarit, siglos XIV y XIII a.C.Príncipe, señor de la tierra (epíteto de Baal)
Beelzeboul (Βεελζεβούλ)Manuscritos griegos del Nuevo Testamento; el Vaticano y el Sinaítico traen BeezeboulTermina en l: ningún manuscrito griego tiene la mosca
BeelzebubVulgata latina y versiones siríacasVuelve a la mosca, realineando el Nuevo Testamento con el Antiguo
BelcebúTraducciones vernáculas modernas al español y al portuguésForma heredada del latín; así vierten el nombre en los Evangelios

El príncipe de los demonios en los Evangelios

El nombre aparece siete veces en el Nuevo Testamento, todas en los evangelios sinópticos, y siempre en boca de acusadores: los fariseos en Mateo, los escribas que bajaron de Jerusalén en Marcos, "algunos" de la multitud en Lucas. La única excepción es Mateo 10:25, donde el propio Jesús anticipa el insulto y advierte a los discípulos de que quien llamó Belcebú al dueño de la casa no perdonaría a los de casa. Dos cosas no dice el texto. No dice que Belcebú sea el dios de Ecrón, es decir, el puente entre las dos figuras es deducción de los lectores, no afirmación de los evangelistas. Y no dice, en boca de los acusadores, que Belcebú sea Satanás: esa identificación está en la respuesta de Jesús, que oye "Belcebú" y responde hablando de "Satanás". Marcos es el más extraño de los tres, porque allí la acusación es de posesión, "tiene a Belcebú", y no solo de alianza. En Mateo 10:25, Jesús es llamado oikodespotes, "dueño de la casa", y muchos comentaristas ven ahí un juego de palabras deliberado con ba'al zevul, "señor de la morada".

La respuesta de Jesús tiene tres movimientos, y ninguno de ellos consiste en negar que la expulsión ocurrió. El primero es una reducción al absurdo sobre el agente: reino, ciudad y casa divididos contra sí mismos no se sostienen, luego, si Satanás expulsa a Satanás, está liquidando su propio dominio. El segundo es un argumento de simetría dirigido a los acusadores: "si yo expulso los demonios por Belcebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos?". Había exorcistas judíos en actividad, y el criterio de la acusación los condenaría junto con él, por eso "ellos mismos serán vuestros jueces". El tercero es la conclusión positiva, y es donde Mateo y Lucas divergen en una palabra: si la expulsión se da por el "Espíritu de Dios" (Mateo) o por el "dedo de Dios" (Lucas), entonces el reino de Dios ha llegado. "Dedo de Dios" es la expresión que el Éxodo pone en boca de los magos del faraón en el momento en que su técnica falla. La imagen final invierte la metáfora inicial: la parábola del hombre fuerte atado describe una casa que no está dividida, sino invadida y saqueada.

Beelzebul en el Testamento de Salomón

El retrato antiguo más desarrollado de Beelzebul no está en la Biblia, sino en el Testamento de Salomón, texto griego pseudoepigráfico en que Salomón interroga a los demonios que construyen el Templo. La edición crítica de Chester McCown, de 1922, fechó la compilación a comienzos del siglo III d.C. sobre material judío más antiguo, posiblemente del siglo I; parte de la crítica posterior lleva la redacción final a los siglos IV o V, y la discusión sigue abierta. Sentado en un asiento elevado de honor, el demonio se declara el único que quedó de los ángeles del cielo que cayeron, dice haber sido el primer ángel del primer cielo, afirma controlar a todos los que están presos en el Tártaro, revela tener un hijo que ronda el Mar Rojo y responde que reside en la estrella que los hombres llaman Estrella de la Mañana. Cuando Salomón pregunta por qué nombre es frustrado, el texto trae "Eleéth", grafía que varía de un manuscrito griego a otro. Al final del interrogatorio entrega a Salomón una receta de fumigación, goma, incienso, bulbo de mar, nardo y azafrán con siete lámparas encendidas, que haría ver los dragones celestes tirando de la carroza del sol. Dos observaciones. El "único superviviente de los ángeles caídos" contradice frontalmente el esquema de los Vigilantes de 1 Henoc, señal de que la obra cose tradiciones que no se armonizan entre sí. Y la Estrella de la Mañana es la misma imagen que Isaías 14 aplica al rey de Babilonia y que la tradición latina asoció a Lucifer, pero el Testamento no hace esa identificación: solo da a Beelzebul la misma dirección.

25 E eu convoquei novamente para ficar diante de mim Belzebul, o príncipe dos demônios, e eu o sentei em um assento elevado de honra, e disse a ele:

26 “Por que você está sozinho, príncipe dos demônios?"

27 E ele me disse: “Porque eu sou o único deixado dos anjos do céu que caíram.

28 Pois eu fui o primeiro anjo no primeiro céu sendo intitulado Belzebul.

29 E agora eu controlo todos aqueles que estão presos no Tártaro.

30 Mas eu também tenho uma criança, e ele assombra o Mar Vermelho.

31 E em qualquer ocasião apropriada ele vem até mim novamente, estando sujeito a mim, e me revela o que ele fez, e quando ele estiver pronto, ele virá em triunfo."

32 Eu, Salomão, disse a ele: "Belzebul, qual é o seu trabalho?”

33 E ele me respondeu: “Eu trago destruição por meio de tiranos. Eu me alio a tiranos estrangeiros.

34 E meus próprios demônios ponho aos homens para serem adorados, a fim de que estes creiam neles e se percam.

35 e eles me obedecem, e eu os carrego para a destruição. E eu inspiro os homens com inveja, e desejo de assassinato, e por guerras e sodomia, e outras coisas más. E eu destruirei o mundo.”

36 Então eu disse a ele: “Traga-me seu filho, que está, como você disse, no Mar Vermelho.”

37 Mas ele me disse: “Não o trarei a você. Mas virá a mim outro demônio chamado Ephippas, o demônio do vento.

38 A ele eu amarrarei, e ele trará meu filho das profundezas para mim”.

39 E eu disse a ele: “Como é que seu filho está nas profundezas do mar, e qual é o nome dele?"

40 E ele me respondeu: “Não me pergunte, pois você não pode aprender de mim.

41 No entanto, ele virá a você por qualquer comando e lhe dirá abertamente."

42 Então eu disse a ele: “Diga-me em que estrela você reside.”

43 E ele responde-me dizendo: “Aquela chamada pelos homens de Estrela da Manhã.”

44 Eu disse a ele: “Diga-me por qual anjo você está frustrado.”

45 E se um dos romanos me apelar pelo grande nome do poder Eleéth, eu desapareço imediatamente.”

46 Eu, Salomão, fiquei surpreso quando ouvi isso; e ordenei-lhe que serrasse os mármores de Tebas.

47 E quando ele começou a ver as bolinhas, os outros demônios gritaram em voz alta, uivando por causa de seu rei Belzebul.

48 Mas eu, Salomão, o interroguei, dizendo: “Se queres obter um curto intervalo de alívio, explica-me sobre as coisas no céu.”

49 E Belzebul disse: “Ouça, ó rei, se você queimar goma, incenso e bulbo do mar, com nardo e açafrão, e acender sete lâmpadas seguidas, você consertará firmemente sua casa.

50 E se, sendo puro, você os iluminar ao amanhecer no sol aceso, então você verá os dragões celestiais, como eles se enrolam e arrastam a carruagem do sol."

51 E eu, Salomão, tendo ouvido isso, repreendi-o e disse: “Silêncio por enquanto, e continue a serrar as bolas de gude como eu lhe ordenei.”

Lo que viene después es literatura, y conviene decirlo con todas las letras. Milton, en El paraíso perdido (1667), hace de Belcebú el segundo en dignidad después de Satanás, aquel "por encima de quien, excepto Satanás, nadie se sentaba", y le da la moción que sella la ruina del hombre. Los manuales de demonología de la Europa moderna organizan el infierno como una corte: Sébastien Michaëlis, en la Histoire admirable (1612), lo pone en la cima de la primera jerarquía de los ángeles caídos. Los grimorios repiten el organigrama, y el Gran Grimorio lo lista como príncipe, entre el emperador Lucifer y el gran duque Astarot. El Dictionnaire Infernal de Collin de Plancy (1818, con los grabados famosos en la edición de 1863) devuelve la imagen literal y lo dibuja como una mosca gigante coronada. En 1954, William Golding tomó el nombre hebreo y lo tradujo directamente para el título de una novela. Nada de eso, ni el puesto, ni la corte, ni la mosca gigante, está en los textos antiguos. La jerarquía infernal es construcción medieval y moderna, y no sale ni de la Biblia ni del Testamento de Salomón.