Arrio contra Atanasio
Arrio, presbítero de Alejandría, enseñaba que el Hijo, aunque superior a todas las criaturas, había sido creado por el Padre. Su fórmula se hizo famosa: "hubo cuando el no era". Para Arrio, el Hijo tenía un comienzo y, por tanto, no era Dios en el mismo sentido que el Padre; era una obra del Padre, aunque la primera y más elevada.
Del lado opuesto estaba el obispo Alejandro de Alejandría y su joven diácono Atanasio, quien llegaría a ser la gran figura de la defensa nicena. Para ellos, si el Hijo fuera criatura, la salvación se derrumbaría: sólo Dios podía salvar, y adorar a un Hijo creado sería idolatría. El Hijo, por tanto, tenía que ser plenamente Dios, eterno como el Padre, engendrado y no hecho.
La palabra que decidió el concilio: homoousios
Para excluir la posición de Arrio sin dejar fisuras, el concilio adoptó el término griego homoousios, "de la misma sustancia" o "consustancial" al Padre. La elección fue polémica: la palabra no aparece en la Biblia y ya había sido sospechosa en disputas anteriores. Pero era justamente el término que Arrio no podía aceptar, y por eso funcionó como línea divisoria. Quien firmara el homoousios rechazaba el arrianismo.
El concilio condenó a Arrio y sus fórmulas. Solo dos obispos se negaron a firmar y fueron exiliados junto con el. La victoria, sin embargo, no fue definitiva: en las décadas siguientes el arrianismo resurgió con fuerza, contó con el apoyo de emperadores y solo quedó sellado como derrotado en el Concilio de Constantinopla, en 381.
El resultado en resumen
| Cuestión | Decisión |
|---|---|
| El Hijo fue creado? | No: engendrado, no hecho, eterno como el Padre |
| Relación con el Padre | Homoousios, de la misma sustancia que el Padre |
| La doctrina de Arrio | Condenada; Arrio y dos obispos exiliados |
| Síntesis de la fe | El Credo Niceno, firmado por la mayoría |
| Fecha de la Pascua | Cálculo común, desvinculado del calendario judío |
| Disciplina | Cerca de 20 cánones sobre el clero y el orden eclesiástico |
Vale registrar lo que Nicea no decidió. El concilio no votó la divinidad de Jesús como novedad (ya era presupuesta por ambos lados, incluido Arrio, quien consideraba al Hijo un ser celestial preexistente), ni trató del canon bíblico, ni inventó doctrinas sobre el alma. Definió una cosa precisa: en qué sentido el Hijo es Dios en relación con el Padre.