El primer concilio ecuménico
El Primer Concilio de Nicea tuvo lugar en el año 325 d.C., en la ciudad de Nicea, en Bitinia (hoy Iznik, en Turquía). Fue el primer concilio denominado ecuménico, es decir, una reunión convocada para representar a toda la iglesia, no solo a una región o provincia. Hasta ese momento, los obispos resolvían disputas en sínodos locales; Nicea fue el intento de pacificar a toda la iglesia de una sola vez.
Quién lo convocó no fue un papa ni un obispo, sino el emperador Constantino. Recién salido de las guerras civiles que lo habían convertido en señor único del Imperio Romano, Constantino veía en la cristiandad dividida una amenaza a la unidad de su gobierno. Costeó el viaje de los obispos mediante el sistema postal imperial, los hospedó y presidió la apertura. El motivo inmediato era una controversia teológica que ya incendiaba el Oriente: el arrianismo.
¿Cuántos obispos asistieron
Las fuentes antiguas ofrecen cifras variables. Eusebio de Cesarea, presente en el concilio, habla de más de 250 obispos; la tradición posterior fijó el número simbólico de 318, y la estimación moderna más común ronda los 300. La gran mayoría provino del Oriente griego; el Occidente latino envió pocos representantes, y el propio obispo de Roma, Silvestre, no asistió en persona, sino que mandó dos presbíteros en su lugar.
| Elemento | Lo que se sabe |
|---|---|
| Año | 325 d.C. |
| Lugar | Nicea, en Bitinia (actual Iznik, Turquía) |
| Convocado por | El emperador Constantino |
| Número de obispos | Cerca de 300 (tradición: 318; Eusebio: más de 250) |
| Mayoría | Obispos del Oriente griego |
| Cuestión central | El arrianismo: la relación entre el Padre y el Hijo |
La agenda real
La agenda de Nicea fue concreta y acotada. El punto central era decidir si el Hijo era de la misma naturaleza que el Padre o una criatura, en oposición a la doctrina del presbítero Arrio. Junto a eso, el concilio estableció un método común para calcular la fecha de la Pascua, resolvió el cisma de Melecio en Egipto y aprobó alrededor de 20 cánones disciplinares sobre la vida del clero. Nada en la agenda trataba de definir qué libros integrarían la Biblia, asunto que solo se convirtió en mito muchos siglos después.