El Hombre que Creía que Nada Importaba

Cuando nada importa

El narrador ha llegado a un estado que tiene nombre: nihilismo. Es la convicción de que nada en el mundo tiene valor, que todo da lo mismo, que ninguna cosa hace diferencia. Para él esto no es una idea que se discute en una mesa, es un sentimiento que le tomó el cuerpo entero. Si nada importa, entonces la propia vida no importa, y la conclusión fría que saca de eso es que bien puede suicidarse.

El detalle que da el tono del cuento es cómo habla de ello: sin drama, casi con tedio. Se llama ridículo todo el tiempo, y lo que lo hiere no es el sufrimiento, es la indiferencia. Ese es el punto de partida más oscuro posible, y es deliberado. Dostoievski quiere mostrar de dónde hay que rescatar a un hombre.

La grieta: una niña

Antes de jalar el gatillo, algo pequeño ocurre. Al volver a casa en una noche de lluvia, una niña desesperada le agarra el abrigo, implorando ayuda para su madre que está muriendo. Él la aparta con brusquedad. Pero ya en el sillón de casa, con el revólver frente a él, el recuerdo de la niña no lo suelta. La conciencia lo incomoda, y pospone el disparo.

12 Em suma, a criança me salvou, pois adiei o tiro da pistola por causa dessas perguntas. Enquanto isso, o barulho começava a diminuir no quarto do capitão: tinham terminado o jogo, iam se acomodar para dormir e, nesse meio-tempo, resmungavam e encerravam languidamente suas brigas. Nesse ponto, de repente adormeci na minha cadeira à mesa, coisa que nunca havia me acontecido antes. Caí no sono sem perceber.

Aquí está la paradoja que mueve el cuento. Si nada importa y de todas formas va a morir, ¿por qué la niña lo perturbó? ¿Por qué sintió lástima, y culpa? Esa lástima está fuera de lugar, contradice la teoría de que todo es indiferente. Es una grieta en el nihilismo, y es por esa hendija estrecha que entrará la salvación. El hombre se queda dormido, y comienza el sueño.