Dos Luteros, veinte años de distancia
La relación de Lutero con los judíos cambió drásticamente a lo largo de su vida, y los dos textos que la documentan son opuestos en tono. No se trata de una posición única, sino de un giro.
En 1523, al inicio de la Reforma, Lutero escribió Que Jesucristo Nació Judío. El tono es conciliador. Criticaba el trato cruel que la Iglesia medieval había dispensado a los judíos, argumentaba que esa hostilidad los alejaba de Cristo, y defendía que, tratados con gentileza e instruidos en el evangelio reformado, muchos se convertirían. Era un texto optimista, orientado a la conversión por la persuasión.
El giro de 1543
Veinte años después, en 1543, tres años antes de morir, Lutero publicó Sobre los Judíos y Sus Mentiras, un tratado largo y violento. Frustrado por la ausencia de conversiones masivas y endurecido, abandonó completamente el tono anterior. El texto contiene recomendaciones prácticas brutales: quemar las sinagogas y las casas de los judíos, confiscar sus libros religiosos, prohibir a los rabinos enseñar, retirar salvoconductos de viaje e imponer trabajos forzados. El lenguaje es insultante y deshumanizante de principio a fin.
| Obra | Año | Tono |
|---|---|---|
| Que Jesucristo Nació Judío | 1523 | Conciliador; critica la crueldad medieval, espera conversiones |
| Sobre los Judíos y Sus Mentiras | 1543 | Virulento; pide quema de sinagogas, expulsión, trabajo forzado |
La recepción posterior
El tratado de 1543 tuvo una vida larga y siniestra. Fue recuperado y citado por antisemitas alemanes en los siglos siguientes, y los nazis lo explotaron como aval histórico para la persecución de los judíos, exhibiendo pasajes de Lutero como justificación. Tras el Holocausto, varias iglesias luteranas en el mundo emitieron declaraciones oficiales repudiando expresamente esos escritos, separando la herencia teológica de Lutero de sus posiciones antijudías tardías.
¿Eso invalida la Reforma?
La pregunta inevitable es si la virulencia de 1543 descalifica a Lutero y todo lo que defendió. Honestamente, son dos cuestiones distintas. Una es histórica y moral: los textos de 1543 son indefendibles por los estándares de cualquier época, y ninguna lectura cuidadosa los suaviza. La otra es lógica: la validez o invalidez de los argumentos teológicos de Lutero (sobre la justificación, el canon, la autoridad de la Escritura) no depende de su carácter, del mismo modo que los pecados de cualquier figura histórica no tornan, por sí solos, falsas sus tesis verificables. Quien usa 1543 para cerrar todo el debate sobre la Reforma comete el error de atacar a la persona en vez del argumento; quien usa la Reforma para minimizar 1543 comete el error inverso. Los dos hechos coexisten, y ninguno borra al otro.