Algo "más allá del ser"
En el corazón de la República hay una idea vertiginosa. Platón dice que, arriba de todo lo que existe, hay una realidad suprema que él llama Forma del Bien. Y hace una afirmación audaz: el Bien es la fuente de toda existencia, es lo que da ser y verdad a todas las cosas, pero él mismo no es apenas una cosa más que existe. Él "excede la esencia en dignidad y en poder". En otras palabras, el Bien está, de algún modo, más allá del ser, más alto que todo lo que se puede llamar "una cosa".
27 Você diria, não é, que o sol não é apenas o autor da visibilidade em todas as coisas visíveis, mas também da geração, da nutrição e do crescimento, embora ele mesmo não seja geração? Com certeza. Do mesmo modo, podemos dizer que o bem não é apenas o autor do conhecimento em todas as coisas conhecidas, mas também do ser e da essência delas. E, ainda assim, o bem não é essência, mas excede de longe a essência em dignidade e em poder.
Para hacerlo visible, Platón compara el Bien al sol. Así como el sol no solo ilumina las cosas sino que también las hace crecer y vivir, sin ser él mismo una de las cosas que ilumina, el Bien ilumina la mente y da realidad al mundo, sin ser apenas otro objeto entre objetos. Es una imagen que, siglos después, parecería hecha bajo encargo para hablar de Dios.
La teología que dice qué Dios no es
Esa intuición (lo supremo está "más allá" de lo que conseguimos nombrar) tuvo una descendencia cristiana enorme. Alimentó lo que se llama teología negativa o apofática: la convicción de que Dios es tan superior a todo lo que existe que nuestras palabras siempre se quedan cortas, y que a veces decimos más verdad al afirmar qué Dios no es que al intentar decir qué es. El gran nombre de esa corriente es un autor cristiano del inicio del siglo VI conocido como Pseudo-Dionisio. Escribe que Dios está más allá del ser, más allá del conocimiento y hasta más allá de la propia bondad tal como la entendemos, y está claramente bebiendo de esa tradición platónica del Bien que excede el ser.
En otro frente, el mismo Platón moldeó a Agustín. La idea de que conocemos la verdad porque una luz superior ilumina nuestra mente, como el sol ilumina el ojo, se volvió en Agustín la doctrina de la iluminación divina: es Dios quien enciende en nosotros la capacidad de ver lo verdadero. El propio lenguaje de Platón, sol y luz, atravesó los siglos y se volvió lenguaje de oración.
Salir de la caverna, subir hasta Dios
La imagen más famosa de toda la República es la alegoría de la caverna, en el Libro VII. Platón pide que imaginemos prisioneros encadenados desde la infancia en el fondo de una gruta, viendo solo sombras en una pared y tomando esas sombras por la realidad entera. Uno de ellos es liberado, sube con dolor la ladera hacia afuera, y descubre el mundo de verdad bajo la luz, hasta conseguir, al fin, mirar el propio sol.
1 E agora, eu disse, deixe que eu mostre numa imagem o quanto a nossa natureza está esclarecida ou ainda às escuras. Imagine seres humanos vivendo numa caverna subterrânea, que tem uma entrada aberta para a luz e que se estende por toda a extensão da gruta. Eles estão ali desde a infância, com as pernas e os pescoços acorrentados, de modo que não conseguem se mover e só podem olhar para a frente, impedidos pelas correntes de virar a cabeça.
18 Por fim, ele será capaz de ver o sol, não apenas seus reflexos na água, mas o próprio sol no seu devido lugar, e não em outro. Ele o contemplará como ele é. Com certeza.
Los cristianos leyeron esa subida como la historia del alma que se convierte: dejar el engaño de las apariencias, virarse con esfuerzo hacia la luz, y subir hasta la contemplación del Bien supremo, que identificaron con Dios. Platón hasta describe ese momento de viraje como una "conversión" del alma entera, que se aleja de las sombras y se vuelve hacia la luz. La palabra cayó como un guante en el vocabulario de la fe. El propio Platón dice que la Forma del Bien aparece por último, solo con mucho esfuerzo, y que es en ella que necesita fijar los ojos quien quiera actuar con sabiduría.
2 Mas, verdadeira ou falsa, eis a minha opinião: no mundo do conhecimento, a ideia do bem aparece por último, e só se enxerga com esforço. E, uma vez vista, conclui-se que ela é a causa universal de tudo o que é belo e correto: gera a luz e o senhor da luz neste mundo visível, e é a fonte direta da razão e da verdade no mundo inteligível. É nessa potência que precisa manter os olhos fixos quem quiser agir com sabedoria, na vida pública ou na privada.
Una salvedad honesta
Antes de animarse demasiado, una salvedad que cambia todo. El Bien de Platón es un principio impersonal. Es una realidad suprema, brillante, fuente de todo, pero no es alguien. No habla, no llama a nadie por el nombre, no crea el mundo por una decisión de amor, no se hace carne. Identificar la Forma del Bien con el Dios vivo de la Biblia fue una lectura cristiana posterior, una apropiación, y no algo que Platón haya dicho. Él apuntó hacia un alto que la razón presiente; la fe es la que afirmó que ese alto tiene un rostro, y que ese rostro bajó hasta nosotros. La próxima página traza con cuidado esa línea entre lo que se puede cosechar en Platón y lo que solo la revelación entrega.