Saber no es lo mismo que creer
Existe una diferencia enorme entre saber algo y creer algo. Quien sabe está en lo correcto y puede explicar por qué. Quien cree puede estar en lo correcto por suerte, pero no tiene cómo probarlo. Platón da nombres a esos dos estados. Al saber firme lo llama conocimiento. Al creer inseguro, que va de un lado para el otro, lo llama opinión. Toda La República, en el fondo, quiere saber quién debe gobernar la ciudad, y la respuesta de Platón es directa: quien tiene conocimiento de verdad, no quien solo tiene opinión.
¿Y quién tiene conocimiento de verdad? Para Platón, solo una persona: el filósofo. La palabra, en griego, significa apenas "amigo de la sabiduría". No es un diploma ni un cargo. Es quien ama ver la verdad hasta el fondo, y por eso no se contenta con las apariencias que engañan a todos. Platón define al filósofo en una frase corta y bonita.
11 De jeito nenhum, respondi. São apenas uma imitação. Ele disse: Quem são então os verdadeiros filósofos? Aqueles, respondi, que amam a visão da verdade.
Las Formas: las realidades perfectas detrás de las cosas
Aquí entra la idea más famosa de Platón, y la más extraña a primera vista. Mira alrededor: ves muchas cosas bellas, una flor, un rostro, una música. Pero cada una de ellas es bella solo en parte y solo por un tiempo. La flor se marchita, el rostro envejece. Platón pregunta: ¿qué es la belleza en sí, aquella que esas cosas tienen un pedacito y después pierden? Responde que existe una Belleza perfecta, que nunca cambia y nunca termina, y que las cosas bellas aquí son solo copias pálidas de ella.
Esa Belleza perfecta la llama Forma, o Forma, de la belleza. Ten cuidado con la palabra "Forma": para Platón no es un pensamiento en tu cabeza, es una realidad que existe por sí misma, más real que las cosas que vemos. El conjunto de esas realidades perfectas es lo que se acostumbra a llamar "mundo de las Formas". Y no hay solo la Belleza. Hay la Justicia en sí, la Bondad en sí, la Igualdad en sí. Cada cosa buena, justa o bella aquí es apenas el reflejo de una de esas Formas.
| En el mundo que vemos | La Forma perfecta detrás |
|---|---|
| Muchas cosas bellas que envejecen | La Belleza en sí, que nunca cambia |
| Muchos actos justos, unos más, otros menos | La Justicia en sí, perfecta |
| Muchos triángulos dibujados, siempre torcidos | El Triángulo en sí, exacto |
| Muchas cosas buenas y pasajeras | El Bien en sí, eterno |
Por eso solo el filósofo conoce
Ahora las dos ideas encajan. La mayoría de las personas solo presta atención en las cosas que cambian: las flores bellas, los actos justos de cada día. Nunca miran las Formas perfectas detrás. Por eso quedan en el nivel de la opinión, que sube y baja conforme las apariencias. El filósofo es diferente. Consigue ver las Formas, las realidades perfectas e inmutables, y por eso alcanza el conocimiento de verdad. Platón lo dice con todas las letras: quien solo ve las cosas bellas, pero no la Belleza en sí, tiene opinión; quien ve la Belleza en sí tiene conocimiento.
48 Então aqueles que veem as muitas coisas belas, mas não veem a beleza em si nem conseguem seguir um guia que aponte o caminho até ela, que veem as muitas coisas justas, mas não a justiça em si, e assim por diante, dessas pessoas se pode dizer que têm opinião, mas não conhecimento? "Isso é certo."
Guarda esta pareja, las Formas y el conocimiento que solo ellas dan. Es el escalón del que toda la parte más alta del libro depende. La próxima página muestra cuál es la más grande de todas las Formas, aquella que ilumina todas las otras: la Forma del Bien.