El alma no muere
Antes de contar la historia final, Platón precisa de una pieza: el alma es inmortal. Para él, el cuerpo muere, pero el alma continúa. Y eso cambia todo. Si la vida fuera solo estos pocos años, quizá el injusto astuto pudiera de verdad escapar de las consecuencias del mal que hizo. Pero si el alma sobrevive, la cuenta no cierra aquí. Lo que se planta en el alma va junto con ella. Por eso Platón termina la obra entera recordando que el alma es inmortal y capaz de soportar todo tipo de bien y de mal.
28 Por isso o meu conselho é que nos apeguemos para sempre ao caminho celeste e sigamos sempre a justiça e a virtude, lembrando que a alma é imortal e capaz de suportar todo tipo de bem e todo tipo de mal. Assim viveremos amigos uns dos outros e dos deuses, tanto enquanto permanecermos aqui como quando recebermos a nossa recompensa, do mesmo modo que os vencedores nos jogos vão recolhendo os prêmios. E tudo correrá bem para nós, nesta vida e na peregrinação de mil anos que descrevemos.
El soldado que volvió de la muerte
Para mostrar lo que espera el alma, Platón cuenta un mito. Un soldado llamado Er muere en una batalla. Diez días después, cuando recogen los cuerpos, el suyo está intacto. En el día en que iban a quemarlo en la pira, regresa a la vida y cuenta lo que vio del otro lado. Es la primera "experiencia de casi muerte" registrada en la literatura, escrita hace más de dos mil años.
3 No décimo segundo dia, quando já estava deitado sobre a pira funerária, ele voltou à vida e contou o que tinha visto no outro mundo. Disse que, assim que a alma dele deixou o corpo, partiu numa jornada com uma grande multidão, até chegarem a um lugar misterioso onde havia duas aberturas na terra, uma perto da outra, e bem em frente a elas duas outras aberturas no céu, lá em cima.
El juicio: recompensa y castigo
Er cuenta que, al dejar el cuerpo, llegó a un lugar con jueces sentados. Cada alma era juzgada por lo que había hecho en vida. Los justos eran mandados para arriba, para el camino del cielo, a la derecha. Los injustos, para abajo, para un camino de sufrimiento, a la izquierda. Y había una medida exacta: por cada mal cometido, el alma pagaba diez veces, a lo largo de mil años. Quien había hecho el bien recibía recompensa en la misma proporción. Los peores criminales, los tiranos incurables, nunca conseguían salir de abajo. Un juicio, una balanza, recompensa para el bien y castigo para el mal: mucho de lo que ese pagano describe suena familiar a quien creció oyendo las parábolas de Jesús.
La elección de la próxima vida
Después de mil años pagando o siendo recompensadas, las almas regresaban para elegir una nueva vida y nacer de nuevo. Esta es la parte más dramática, y aquí Platón clava su lección. Un heraldo anuncia: nadie elige el destino de ustedes, ustedes es quienes eligen su destino. La culpa no es de los dioses; es de quien elige.
2 "Ouçam a palavra de Láquesis, a filha da Necessidade. Almas efêmeras, eis o começo de um novo ciclo de vida e de morte para a raça mortal. Não será um destino que escolherá vocês: vocês é que escolherão o seu destino. Aquele que tirar o primeiro número escolherá primeiro a vida à qual ficará ligado por necessidade.
Y el detalle es de partir el corazón. El primer alma en elegir se lanza sobre la mayor de las tiranías, sin leer las letras minúsculas, y solo después descubre que esa vida incluía devorar los propios hijos. ¿Por qué eligió tan mal? Porque, cuenta Er, en la vida anterior había sido buena apenas por hábito, sin nunca haber buscado la sabiduría. Quien no entrena el alma para distinguir el bien del mal elige mal, aunque tenga toda la eternidad por delante. Las almas entonces beben del río del Olvido y nacen de nuevo, llevando consigo solo el carácter que formaron.
Es la costura final de toda la obra. ¿Por qué ser justo, aunque con el anillo de Giges? Porque el alma es inmortal, porque hay un juicio, y porque lo que te vuelves por dentro es la única cosa que atraviesa la muerte contigo. Aquí hay diferencias reales con la fe cristiana: Platón habla de reencarnación, de muchas vidas, y la Biblia habla de una sola vida seguida de la resurrección. Pero la intuición de fondo, la de que el alma sobrevive, será juzgada, y que vivir bien ahora decide todo, es uno de los puentes más impresionantes entre la razón griega y lo que los cristianos recibieron por la revelación.