El desafío: ¿y si nadie estuviera mirando?
Al comienzo de la obra, un personaje lanza una provocación que asombra a cualquier lector honesto. Cuenta la leyenda del anillo de Giges, un anillo que vuelve invisible a quien lo usa. La pregunta es cruel: ¿si pudieras hacer cualquier cosa sin nunca ser atrapado, sin perder la fama, sin castigo, seguirías eligiendo ser justo? La mayoría, sugiere él, se volvería ladrón en la primera oportunidad. Por lo tanto, ser justo sería solo miedo a ser atrapado, y el injusto astuto sería el más feliz. Toda La República es la larga respuesta de Platón a ese desafío, y la respuesta es un sonoro no: el justo es más feliz, siempre, con anillo o sin anillo.
Primera prueba: el tirano es un esclavo
La figura del injusto llevada al extremo es el tirano, aquél que hace todo lo que quiere y no obedece a nadie. Parece el hombre más libre y feliz del mundo. Platón muestra que es lo contrario. Por dentro, el tirano es jalado por deseos sin fin que nunca consigue satisfacer. Vive con miedo, rodeado de enemigos, sin poder confiar en nadie. Manda en todos, pero no manda en sí mismo: es esclavo de las propias pasiones. Por eso Platón concluye que el tirano es, de lejos, el más infeliz de todos los hombres.
16 Refletindo sobre esses males e outros parecidos, você concluiu que a cidade tirânica é a mais infeliz das cidades. E eu estava certo, ele disse. Certamente, eu disse. E quando você vê os mesmos males no homem tirânico, o que diz dele? Digo que ele é, de longe, o mais infeliz de todos os homens.
La lección es fuerte: la verdadera libertad no es hacer todo lo que da ganas. Quien es dominado por dentro por los propios deseos es tan esclavo como un hombre encadenado, aunque esté sentado en un trono. El alma justa, al contrario, es ordenada y en paz consigo misma, y por eso es libre de verdad.
Segunda prueba: solo el filósofo prueba el placer verdadero
Platón tiene una segunda prueba, basada en el placer. Divide a las personas en tres tipos por lo que más aman: los que aman el dinero, los que aman la honra, y los que aman la sabiduría, es decir, el filósofo. Cada uno jura que su placer es el mejor. ¿Quién decide? Platón responde con una jugada lista: solo puede juzgar quien conoce los tres placeres. Y ahí el filósofo lleva enorme ventaja. Él, desde temprano, probó el placer del dinero y de la honra como todo mundo. Pero el hombre del dinero nunca probó el placer profundo de conocer la verdad. Solo el filósofo conoce los tres, entonces solo él puede decir cuál es el mejor, y sabe la respuesta por experiencia propia.
14 E quanto aos prazeres da honra? Ele tem mais experiência deles, ou o amante da honra tem mais experiência dos prazeres da sabedoria? Os três são honrados na medida em que alcançam seu objetivo, ele disse. Pois o rico, o corajoso e o sábio têm cada um sua multidão de admiradores, e como todos recebem honra, todos têm experiência dos prazeres da honra. Mas o deleite que se encontra no conhecimento do verdadeiro ser só o filósofo conhece.
Platón va más lejos: los placeres de los sentidos, dice él, son en buena parte apenas el alivio de un dolor anterior, como el agua que mata la sed. Son sombras de placer. El placer de quien se llena de verdad, ese es puro y duradero, porque alimenta la parte más real de nosotros, el alma. El justo y sabio no es más feliz a pesar de abandonar los placeres: es más feliz porque alcanza el único placer que vale.
| El injusto / tirano | El justo / filósofo | |
|---|---|---|
| Por dentro | Dividido, en guerra consigo | Ordenado, en paz consigo |
| Ante los deseos | Esclavo de ellos | Señor de ellos |
| Vida diaria | Miedo, desconfianza, insomnio | Tranquilidad |
| Placer | Sombra, alivio de dolor | Pleno y duradero |
El lector cristiano reconoce el eco. No fue un profeta de Israel, pero un griego pagano quien escribió que de nada sirve ganar el mundo si el alma queda en ruinas. La última página lleva esa intuición a su límite: ¿qué sucede con el alma después de la muerte?