Los animales que no están en los evangelios
El buey y el asno junto al pesebre, presentes en prácticamente todo nacimiento de Navidad, no aparecen ni en Mateo ni en Lucas. La escena surge como narración en el Evangelio del Pseudo-Mateo, una compilación latina, donde los dos animales reconocen y adoran al niño recién nacido.
1 Y al tercer día después del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, la bienaventurada María salió de la gruta y, entrando en un establo, colocó al niño en el pesebre, y el buey y el asno lo adoraron.
2 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Isaías: El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor. Los mismos animales, pues, el buey y el asno, teniéndolo en medio de ellos, lo adoraban sin cesar.
3 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Habacuc: Entre dos animales te manifiestas. En el mismo lugar José permaneció con María por tres días.
Una escena creada a partir de Isaías
El propio Pseudo-Mateo da la clave de la escena: la presenta como cumplimiento de un versículo del profeta Isaías, en que el buey conoce a su dueño y el asno el pesebre de su señor. El detalle nació, por tanto, de una lectura del Antiguo Testamento aplicada al nacimiento de Jesús, y no de un recuerdo del establo.
3 O boi conhece o seu possuidor, e o jumento a manjedoura do seu dono; mas Israel não tem conhecimento, o meu povo não entende.
Fue por ese camino que el buey y el asno entraron en el arte cristiano, en la predicación y en los pesebres de Occidente, aunque su origen sea una obra que la Iglesia siempre clasificó como apócrifo.