José viudo y los hermanos de Jesús
Los evangelios mencionan hermanos de Jesús, y la interpretación de esa expresión siempre dividió a las tradiciones cristianas. Una de las soluciones más antiguas viene del Protoevangelio de Santiago y de la Historia de José el Carpintero: José sería un hombre ya anciano y viudo al recibir a María, con hijos de un matrimonio anterior. Los hermanos de Jesús serían, entonces, esos hijos de José.
3 Não é este o carpinteiro, filho de Maria, e irmão de Tiago, e de José, e de Judas e de Simão? e não estão aqui conosco suas irmãs? E escandalizavam-se nele.
1 Había un hombre cuyo nombre era José, descendiente de una familia de Belén, ciudad de Judá y ciudad del rey David.
2 Ese mismo hombre, bien dotado de sabiduría e instrucción, fue hecho sacerdote en el templo del Señor. Era, además, hábil en su oficio, que era el de carpintero; y, a la manera de todos los hombres, tomó esposa.
3 Engendró para sí hijos e hijas, a saber, cuatro hijos y dos hijas. Estos son sus nombres: Judas, Justo, Santiago y Simón. Los nombres de las dos hijas eran Asia y Lidia.
4 Por fin, la esposa del justo José, mujer dedicada a la gloria divina en todas sus obras, partió de esta vida.
5 Mas José, aquel hombre justo, mi padre según la carne y esposo de mi madre María, partió con sus hijos hacia su oficio, ejerciendo el arte de carpintero.
La muerte de José
La Historia de José el Carpintero, obra copta de Egipto, está dedicada casi en su totalidad a la vejez y la muerte de José. Narrada por el propio Jesús a los apóstoles, describe con minucia la agonía de José a los ciento once años, el temor al juicio, el viaje de su alma conducida por Miguel y Gabriel y el consuelo dado por Jesús.
1 Mi madre inmaculada María, entonces, fue y entró en el lugar donde estaba José. Y yo estaba sentado a sus pies, mirándolo, pues los signos de la muerte ya aparecían en su rostro.
2 Y aquel bienaventurado anciano levantó la cabeza y mantuvo los ojos fijos en mi rostro; pero no tenía fuerzas para hablarme, a causa de las agonías de la muerte, que lo tenían en su poder. Sin embargo, seguía dando muchos suspiros.
3 Y yo sostuve sus manos durante una hora entera; y él volvió el rostro hacia mí e hizo señas para que no lo dejara.
4 En seguida, puse mi mano sobre su pecho y percibí que su alma ya estaba cerca de la garganta, preparándose para partir de su receptáculo.
1 Entonces Miguel y Gabriel vinieron al alma de mi padre José, la tomaron y la envolvieron en un manto resplandeciente.
2 Así entregó su espíritu en las manos de mi buen Padre, y Él le concedió la paz. Pero ninguno de sus hijos sabía todavía que él se había dormido.
3 Y los ángeles preservaron su alma de los demonios de las tinieblas que estaban en el camino, y alabaron a Dios hasta conducirla a la morada de los piadosos.
Fue ese relato el que convirtió a José en el modelo de la buena muerte y el patrono de los moribundos en la devoción posterior, y la base de su culto litúrgico, que nació en el Egipto copto.