Seguir, no solo saber
La primera lección del libro es también la más difícil: no basta conocer la doctrina de Cristo, hay que vivir como él vivió. La obra comienza recordando que quien realmente sigue a Jesús no camina en tinieblas, sino que tiene la luz de la vida. El verbo es seguir, no estudiar. Cristo no pide admiradores, pide imitadores: personas que carguen su propia cruz en el día a día, con paciencia y mansedumbre.
El peligro del saber sin temor
Tomás de Kempis vivió en una época de grandes universidades y debates teológicos acalorados, y el libro guarda una desconfianza constante ante el saber que no cambia la vida. La obra reconoce que todo hombre desea naturalmente conocer, pero advierte que la ciencia sola, sin temor de Dios, no salva a nadie. De qué sirve saber mucho y vivir mal.
1 Todo homem naturalmente deseja saber. Mas de que vale a ciência sem o temor de Deus? Melhor é, sem dúvida, o camponês humilde que serve a Deus do que o filósofo soberbo que, descuidando de si mesmo, considera o curso do céu. Quem bem se conhece a si mesmo torna-se vil aos próprios olhos e não se compraz com louvores humanos. Se eu soubesse todas as coisas que há no mundo e não tivesse a caridade, de que me serviria isso diante de Deus, que há de me julgar segundo as minhas obras?
El autor no desprecia el estudio. Desprecia la vanidad del estudio, el orgullo de quien acumula conocimiento para exhibirse. Por eso el libro repite que es mejor sentir contrición que saber definirla. La meta es un alma humilde, no una cabeza llena. Feliz, dice la obra, aquel a quien la propia Verdad enseña por dentro, sin necesidad de muchas palabras ajenas.
1 Feliz aquele a quem a Verdade ensina por si mesma, não por meio de figuras e palavras passageiras, mas tal como ela é em si. A nossa opinião e o nosso modo de sentir muitas vezes nos enganam, e pouco enxergam. De que aproveita grande disputa sobre coisas ocultas e obscuras, das quais nem seremos arguidos no juízo por as termos ignorado? Grande insensatez é que, negligenciando o que é útil e necessário, nos voltemos de bom grado para o que é curioso e prejudicial. Tendo olhos, não vemos.