La objeción, en su mejor forma
El argumento evangélico no es caricatura, y merece ser presentado con fuerza. El segundo mandamiento prohíbe hacer imagen de escultura y postrarse ante ella; Isaías satiriza al hombre que corta un árbol, quema la mitad para asar la carne y del resto hace un dios, arrodillándose ante lo que él mismo fabricó. Ahora bien, dice la objeción, la hostia es un objeto hecho por manos humanas: trigo plantado, molido y horneado por panaderos. Arrodillarse ante ella, exponerla en custodias, llevarla en procesión, sería repetir exactamente el error que los profetas denunciaron, con el agravante de que el adorador, como el hombre de Isaías, come parte de aquello que adora.
4 Não farás para ti imagem de escultura, nem alguma semelhança do que há em cima nos céus, nem em baixo na terra, nem nas águas debaixo da terra.
5 Não te encurvarás a elas nem as servirás; porque eu, o Senhor teu Deus, sou Deus zeloso, que visito a iniqüidade dos pais nos filhos, até a terceira e quarta geração daqueles que me odeiam.
16 Metade dele queima no fogo, com a outra metade prepara a carne para comer, assa-a e farta-se dela; também se aquenta, e diz: Ora já me aquentei, já vi o fogo.
17 Então do resto faz um deus, uma imagem de escultura; ajoelha-se diante dela, e se inclina, e roga-lhe, e diz: Livra-me, porquanto tu és o meu deus.
La objeción tiene respaldo histórico: los reformadores del siglo 16 acuñaron para la práctica el nombre "artolatría", adoración del pan, y la veían como el punto en que la doctrina medieval habría cruzado la línea entre reverencia e idolatría. Y suele venir acompañada de un argumento sobre el modo de adorar: Dios es Espíritu, y quien lo adora debe adorarlo en espíritu y en verdad, no mediado por un objeto localizable en una custodia.
24 Deus é Espírito, e importa que os que o adoram o adorem em espírito e em verdade.
La respuesta católica, en su mejor forma
La respuesta católica comienza corrigiendo el blanco: la adoración no se dirige al pan. Para la doctrina católica, después de la consagración ya no hay pan, hay Cristo entero presente bajo las apariencias de pan. El católico que se arrodilla ante la hostia entiende estar arrodillándose ante la misma persona ante quien los magos se postraron en Belén: un cuerpo visible y localizable que es Dios encarnado. Si eso es verdad, la adoración no es opcional, es debida; rehusarla sería negar la encarnación continuada en la Eucaristía.
Y la propia teología católica acepta la estructura condicional del problema: si la transubstanciación es verdadera, adorar la hostia es adorar a Cristo; si es falsa, la práctica sería de hecho idolatría, exactamente como dice el crítico. El Concilio de Trento, al definir el culto de latría debido al sacramento, lo fundamentó en la presencia real: se adora porque allí está "el mismo Dios". La defensa católica nunca fue "adorar objetos es aceptable", sino "esto no es un objeto". En eso, curiosamente, católicos y evangélicos concuerdan en el principio (adorar pan sería idolatría) y discrepan en el hecho (si aquello sigue siendo pan).
De dónde vino la práctica
La adoración de la hostia fuera de la misa es un desarrollo medieval, y la cronología es conocida. La elevación de la hostia consagrada, para que el pueblo la viera y adorara, se consolidó hacia 1200, en París. La fiesta de Corpus Christi fue instituida en 1264 por el papa Urbano IV, con liturgia atribuida a Tomás de Aquino, y difundió por Europa las procesiones con el Santísimo. De la exposición prolongada nació la adoración perpetua, en que los fieles se turnan ante la hostia expuesta día y noche. Nada de eso existía en la iglesia de los primeros siglos, que reservaba el pan consagrado sobre todo para llevarlo a los enfermos; el católico lee esa evolución como despliegue legítimo de una fe antigua en la presencia real, el crítico como añadido tardío sin base apostólica.
| Hito | Fecha | Qué es |
|---|---|---|
| Elevación de la hostia en la misa | c. 1200 | El sacerdote eleva la hostia consagrada para la adoración del pueblo. |
| Fiesta de Corpus Christi | 1264 | Urbano IV instituye la fiesta; procesiones públicas con el Santísimo. |
| Definiciones de Trento | 1551 | Afirma la presencia real y el culto de latría debido al sacramento. |
| Adoración perpetua | era moderna | Exposición continua de la hostia, con fieles en turnos de oración. |
El punto lógico honesto
Reducida a lo esencial, la disputa no es sobre el gesto de arrodillarse, es sobre lo que está en la custodia. La acusación de idolatría presupone que la hostia sigue siendo pan; la obligación de adorar presupone que dejó de serlo. Ambas posiciones son coherentes a partir de su premisa, y ambas se derrumban si la premisa cae. Por eso esta página no cierra la cuestión: remite, honestamente, a la pregunta anterior, la de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, tratada en las páginas de doctrina de este tema. Quien responda aquella pregunta ya respondió esta.