Todo lo que hacemos busca algún bien
Aristóteles comienza el libro con una observación simple, de esas que uno nunca había parado a notar. Mira cualquier cosa que hagas. Estudias, pero no estudias así por así: estudias para pasar, o para aprender, o para tener un trabajo. Cocinas para comer. Tomas medicina para mejorarte. Toda acción apunta a algo, y ese algo es lo que la persona considera, en ese momento, un bien.
Esa es la primera frase de la obra entera, y ya carga todo: cada arte, cada elección, cada acción apunta a algún bien. Repara en cómo Aristóteles es directo, sin rodeos.
1 Toda arte e toda investigação, assim como toda ação e toda escolha, parecem visar a algum bem. Por isso se disse, com razão, que o bem é aquilo a que todas as coisas tendem.
Unos bienes son escalones, uno es la cima
Pero hay una diferencia importante entre esos bienes. Piensa en una escalera de motivos. Te despiertas temprano para coger el autobús. Coges el autobús para llegar al trabajo. Trabajas para recibir el salario. Recibes el salario para pagar la casa y la comida. Cada cosa sirve para la siguiente. Son medios, escalones, elegidos por causa de otra cosa.
Aristóteles hace entonces la pregunta correcta: ¿existe una cima en esa escalera? ¿Existe algo que queramos por sí mismo, y no para conseguir otra cosa? Si todo fuera medio para otra cosa sin fin, vivir no tendría dirección. Tiene que haber un fin último, un bien que queremos por lo que es, y nunca para llegar a más nada. Ese es el bien supremo.
El nombre de esa cima es felicidad
¿Y cuál es ese fin último? Aristóteles responde con una palabra que todos reconocen: felicidad. En griego, eudaimonía. Repara en cómo encaja perfectamente en la descripción: nadie es feliz para conseguir otra cosa. Queremos dinero para ser felices, queremos salud para ser felices, queremos reconocimiento para ser felices. Pero no queremos ser felices para nada más que ser felices. La felicidad es el único bien que está siempre en la cima de la escalera, nunca en un escalón del medio.
4 Ora, é exatamente assim que se considera a felicidade, acima de tudo o mais, pois nós a escolhemos sempre por ela mesma e nunca em vista de outra coisa. Já a honra, o prazer, a razão e toda virtude nós escolhemos, é verdade, por elas mesmas (porque, mesmo que delas nada resultasse, ainda assim escolheríamos cada uma), mas também as escolhemos em vista da felicidade, julgando que por meio delas seremos felizes. A felicidade, ao contrário, ninguém a escolhe em vista dessas coisas, nem, de modo geral, em vista de qualquer coisa que não seja ela mesma.
Aquí hay que dar una advertencia, porque la palabra engaña. Para Aristóteles, felicidad no es lo que solemos llamar así hoy. No es estar de buen humor, no es una emoción alegre que viene y va. No es placer ni diversión. La eudaimonía es algo más amplio y más firme: es la vida que salió bien, la vida plena, buena y bien vivida. Es mirar la propia existencia entera y poder decir que está realizada. Una persona puede estar triste un día y aún así tener una vida feliz en ese sentido profundo.
Pero ¿qué es, al fin, vivir bien?
Decir que el fin de todo es la felicidad sigue siendo vago. Suena casi obvio. Aristóteles lo sabe y da el paso más ingenioso del libro. Pregunta: ¿cuál es la función propia del ser humano? Y para explicar qué quiere decir con función, usa ejemplos de la vida diaria.
Piensa en un flautista. ¿Qué lo hace un buen flautista? Tocar bien, claro. La función del flautista es tocar, y el flautista bueno es quien cumple esa función con excelencia. Lo mismo vale para un escultor, un zapatero, un médico. Cada oficio tiene su tarea propia, y hacerlo bien es hacer esa tarea con calidad.
7 Mas dizer que a felicidade é o bem supremo talvez pareça apenas uma frase óbvia, e ainda se quer uma explicação mais clara do que ela é. Talvez fosse possível dá-la se primeiro descobríssemos qual é a função própria do ser humano. Pois, assim como para um flautista, um escultor ou qualquer artista, e, em geral, para tudo o que tem uma função ou atividade, o bem e o fazer bem parecem residir na função, o mesmo valeria para o ser humano, se ele tiver uma função.
Aristóteles va más allá y usa el cuerpo. El ojo tiene una función: ver. La mano tiene la suya: agarrar. El pie, caminar. Cada parte sirve para algo, y cada una es buena cuando hace bien aquello para lo que existe. De ahí hace la pregunta decisiva: ¿y el ser humano entero, acaso no tiene función propia? El zapatero la tiene, el ojo la tiene, ¿y la persona como un todo no tendría ninguna?
La función del ser humano es vivir por la razón
Para encontrar esa función, Aristóteles va descascarando. Sólo estar vivo, crecer y alimentarse, eso también lo hacen las plantas; no es sólo nuestro. Sentir, percibir el mundo por los sentidos, eso también los otros animales lo hacen; tampoco es sólo nuestro. Lo que sobra, lo que es propio sólo del ser humano, es vivir guiado por la razón, la parte que piensa, decide y entiende.
La conclusión cierra el argumento: la función del ser humano es la actividad del alma guiada por la razón. Luego, vivir bien es ejercer esa función con excelencia. Y excelencia, aquí, es lo que Aristóteles llama virtud. El buen flautista toca bien; la buena persona vive bien, es decir, actúa conforme a la virtud, del mismo modo que el músico actúa conforme a su arte.
11 Ora, se a função do ser humano é uma atividade da alma que segue ou implica a razão, e se dizemos que tal pessoa e uma boa pessoa têm uma função que é a mesma em espécie (por exemplo, um tocador de lira e um bom tocador de lira, e assim sem exceção em todos os casos, acrescentando-se a excelência ao nome da função, pois a função de um tocador de lira é tocar a lira, e a de um bom tocador é tocá-la bem), se é assim, e se afirmamos que a função do ser humano é certo tipo de vida, e essa vida é uma atividade ou ações da alma que implicam a razão, e a função de uma boa pessoa é realizar tudo isso de modo bom e nobre, e se toda ação é bem realizada quando feita de acordo com a excelência apropriada, se é assim, então o bem humano vem a ser uma atividade da alma de acordo com a virtude, e, se houver mais de uma virtude, de acordo com a melhor e mais completa.
Una golondrina no hace verano
Falta un detalle, y es hermoso. No basta un destello de virtud, un día bueno, un gesto noble aislado. La felicidad es cosa de una vida entera. Aristóteles acuña la imagen que se volvió refrán: una sola golondrina no hace verano. Ver un pájaro no garantiza que el verano llegó. Del mismo modo, un solo día bien vivido no vuelve a nadie feliz. La vida realizada es una suma larga, un recorrido, y no un instante de suerte.
12 Mas precisamos acrescentar: em uma vida completa. Pois uma só andorinha não faz verão, nem um só dia, e assim também um único dia, ou um curto período de tempo, não torna ninguém ditoso e feliz.
Ese es el primer escalón de toda la Ética. Toda acción busca un bien; el bien último es la felicidad; y la felicidad es la vida en que la persona cumple bien, por completo y a lo largo del tiempo, su función propia, que es vivir por la razón. Todo lo que viene en las próximas páginas, la virtud, el medio-término, el coraje, la amistad, es Aristóteles desplegando lo que significa, en la práctica, vivir así.