La experiencia que todo el mundo conoce
Sabes que no deberías comer eso. Lo sabes de verdad. Conoces la dieta, conoces el motivo, te lo prometiste a ti mismo que ibas a parar. Y lo comes de todas formas. Después te arrepientes. Todo el mundo ha vivido eso, de mil modos: la promesa quebrada, la hora extra de pantalla, la palabra dura que escapó. Sabíamos lo correcto e hicimos lo malo.
Aristóteles le dio un nombre griego a ese fracaso: acrasia. En español suele convertirse en incontinencia, o debilidad de voluntad. Es uno de los asuntos más honestos de toda la obra suya, porque enfrenta de frente una cosa que la filosofía bonita prefería ignorar: casi nunca fallamos por no saber. Fallamos sabiendo.
El incontinente y el intemperante no son la misma persona
Antes que nada, Aristóteles hace una separación que cambia toda la conversación. Hay dos modos bien diferentes de que una persona haga lo malo, y confundirlos es injusto con los dos.
| El incontinente | El intemperante | |
|---|---|---|
| ¿Sabe que está mal? | Sabe, y aún así cede | Cree que está bien; ni ve problema |
| ¿Hay lucha por dentro? | Sí: el deseo vence una resistencia | No: busca el placer a propósito |
| ¿Y después? | Se arrepiente | No se arrepiente; es su plan |
El incontinente tiene un buen principio y lo traiciona en la hora del impulso. El intemperante ya ha abandonado el principio: hace el mal por elección, en paz consigo. Por eso Aristóteles llega a decir algo sorprendente, que el incontinente es más fácil de curar, porque una parte de él aún quiere el bien. El intemperante ya no quiere.
La propia definición del incontinente está aquí: sabe que lo que hace es malo, y lo hace por causa de la pasión.
8 Segundo: o homem incontinente, sabendo que o que faz é ruim, faz mesmo assim por causa da paixão, enquanto o homem contido, sabendo que seus desejos são ruins, recusa-se a segui-los por causa de seu princípio racional.
El enigma de Sócrates
Ese fenómeno tan común creó un rompecabezas antiguo. El maestro de maestros, Sócrates, decía que la incontinencia simplemente no existe. El razonamiento suyo era fuerte: si la persona de hecho sabe qué es mejor, ¿cómo es que algo otro entra y la arrastra al lado equivocado? Para Sócrates, nadie hace el mal sabiendo. Quién yerra, yerra por ignorancia. En el fondo, no sabía bien.
Aristóteles cita la imagen de Sócrates: sería extraño que, habiendo conocimiento dentro de alguien, otra cosa lo dominara y lo arrastrara de un lado para otro como a un esclavo.
1 Podemos agora perguntar: como é que alguém que julga corretamente consegue agir sem autocontrole? Que ele aja assim quando tem conhecimento, alguns dizem ser impossível. Seria estranho, pensava Sócrates, que, havendo conhecimento dentro de um homem, alguma outra coisa pudesse dominá-lo e arrastá-lo de um lado para o outro como a um escravo.
Aristóteles respeta el argumento, pero no se lo traga. La conclusión de Sócrates choca de frente con todo lo que la gente ve. Las personas fallan sabiendo, y punto. El trabajo no es negar el hecho, es explicarlo.
Saber de un modo que no sostiene
La salida de Aristóteles es fina. Dice que "saber" tiene más de un sentido. Una cosa es tener el conocimiento guardado dentro de ti; otra es estar usándolo de hecho, en ese instante. Da para tener sin usar, como quién sabe una regla pero, en ese momento, no la tiene viva en la cabeza.
Es ahí que el deseo entra y ofusca. En el calor del impulso, el conocimiento correcto sigue allí dentro, pero como dormido, fuera de uso. Aristóteles compara a la persona en ese estado a alguien durmiendo, o ebrio, o tomado de rabia: la pasión llega a alterar hasta el cuerpo. La persona hasta repite las palabras correctas ("sé que no debería"), pero las repite como un actor en el escenario recita un texto, sin que aquello la esté moviendo de verdad.
8 Além disso, há ainda outro sentido em que os homens possuem conhecimento, diferente dos que acabamos de mencionar. Pois dentro do caso de ter conhecimento mas não usá-lo, vemos uma diferença de estado: é possível ter conhecimento num certo sentido e ao mesmo tempo não tê-lo, como no exemplo do homem que está dormindo, louco ou bêbado. Ora, essa é exatamente a condição dos homens dominados pelas paixões, pois explosões de raiva, desejos sexuais e algumas outras paixões assim, é evidente, chegam de fato a alterar a nossa condição física, e em alguns homens até produzem ataques de loucura.
Es una descripción extrañamente exacta de lo que sentimos. En la hora de la tentación, no olvidamos lo que es correcto. Sólo dejamos de usar ese saber. El deseo presente grita fuerte y la regla, allí al lado, queda en silencio. Después que el impulso pasa, el conocimiento vuelve entero, y con él el arrepentimiento.
Pero atención: no todo placer es malo
Hay una trampa aquí, y Aristóteles la desarma. Visto tanto fracaso ligado al placer, es fácil concluir que el placer en sí es el villano, que todo placer es sospechoso y que la vida buena sería una vida gris, sin ningún goce. Había gente en la época pensando así. Aristóteles discrepa con firmeza.
El argumento suyo es directo. Todos concuerdan que el dolor es un mal, algo a evitar. Ora, lo contrario de un mal es un bien. Luego, el placer es, necesariamente, un bien. El problema nunca fue el placer; fue el placer equivocado, en la hora equivocada, en la medida equivocada.
2 Ora, o contrário daquilo que deve ser evitado, enquanto algo a evitar e ruim, é um bem. Logo, o prazer é necessariamente um bem.
Que algunos placeres sean malos no vuelve malo el placer, del mismo modo que haber conocimiento malo no vuelve todo conocimiento malo. El incontinente no yerra por gustar de cosas buenas. Yerra por buscar la cosa buena en la hora en que no debería, contra su propio mejor juicio.
Queda, en el fin, un retrato sincero de nosotros. El ser humano no es sólo razón calculando frío, ni sólo impulso ciego. Es los dos al mismo tiempo, muchas veces en guerra. Conocer el bien es medio camino. El otro medio, el más difícil, es querer el bien con fuerza bastante para que, en la hora del impulso, el saber no quede durmiendo.