La subida por la luz
El Paraíso es la cántica más difícil y más luminosa. Guiado por Beatriz, Dante sube por los nueve cielos del modelo astronómico medieval (Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter, Saturno, las estrellas y el Primum Mobile) hasta el Empíreo, que está fuera del espacio y del tiempo. El desafío que el poeta asume es decir lo indecible: describir una experiencia que ultrapasa el lenguaje. Abre con la gloria de Dios que penetra todo:
1 A glória daquele que tudo move penetra o universo e resplandece mais numa parte, menos em outras.
En cada cielo, Dante encuentra a los bienaventurados, quienes se muestran en esferas diferentes según el grado de su gloria, aunque todos viven la misma felicidad. Encuentra a los sabios (Tomás de Aquino cuenta la vida de San Francisco), los guerreros de la fe, los justos. En lo alto, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan examinan a Dante sobre la fe, la esperanza y la caridad.
La Rosa Mística y la visión final
Finalmente, Dante ve la Rosa Mística, el inmenso anfiteatro de luz donde se sientan todos los santos, con la Virgen María en lo alto. San Bernardo dirige a María una oración, y Dante recibe la gracia de la visión de Dios: tres círculos de una sola luz, la Trinidad, y dentro de ellos la figura humana, el misterio de la Encarnación.
1 Em forma de cândida rosa me aparecia a milícia sagrada que Cristo com seu sangue fez esposa;
El poema entero termina en el verso tal vez más famoso jamás escrito:
49 o amor que move o sol e as outras estrelas.