Un embudo de nueve círculos
El Infierno es un abismo en forma de embudo que desciende hasta el centro de la Tierra. Son nueve círculos, y cuanto más hondo, peor el pecado. La estructura sigue una lógica moral que Virgilio explica en el camino: primero los pecados de debilidad (la incontinencia), luego los de violencia, y en el fondo los de fraude y traición, los peores porque corrompen aquello que es más humano, la confianza y la razón.
Sobre la puerta está la inscripción más famosa del poema:
3 Antes de mim nada foi criado senão o eterno, e eu eterno permaneço. Abandonem toda esperança, vocês que entram."
La ley del contrapaso
La regla que organiza los castigos se llama contrapaso: el castigo refleja el pecado. Los lujuriosos, quienes se dejaron llevar por la pasión, son arrastrados para siempre por una tormenta; los iracundos se ahogan en el lodo; los adivinos, que quisieron ver el futuro, caminan con la cabeza girada hacia atrás. El caso más famoso es el de Paolo y Francesca, los amantes llevados por el viento, cuya historia Dante escucha con tanta compasión que se desmaya:
46 beijou minha boca todo tremendo. Galehot foi o livro e quem o escreveu: naquele dia não lemos mais nada."
En el fondo de todo, preso en el hielo del lago Cocito, está Lucifer, con tres caras (una parodia de la Trinidad), triturando a los tres mayores traidores: Judas, quien traicionó a Cristo, y Bruto y Casio, quienes traicionaron a César. Dante y Virgilio descienden por el cuerpo del diablo y salen del otro lado de la Tierra, "a rever las estrellas". La primera cántica termina con la palabra "estrellas", como las otras dos.