El otro origen de los demonios
Además de los espíritus de los gigantes muertos de la tradición enoquita, hay una segunda vía por la que se pobló el mundo demoníaco: los dioses de las naciones vecinas. A medida que el monoteísmo de Israel se endureció, esos dioses fueron reclasificados. No eran dioses rivales, eran demonios. La propia Torá ya lo dice, al condenar los sacrificios de Israel "a los demonios, y no a Dios, a dioses que no habían conocido".
17 Sacrifícios ofereceram aos demônios, não a Deus; aos deuses que não conheceram, novos deuses que vieram há pouco, aos quais não temeram vossos pais.
El Salmo repite la acusación, denunciando el sacrificio de niños a los dioses de Canaán como sacrificio ofrecido "a los demonios". Lo que para los vecinos era culto, para Israel era idolatría, y la idolatría fue siendo leída como trato con demonios.
37 Demais disto, sacrificaram seus filhos e suas filhas aos demônios,
De Baal-Zebub a Belcebú
El caso más nítido llega a los Evangelios con nombre y apellido. En el Antiguo Testamento, el rey Ocozías manda consultar a "Baal-Zebub, dios de Ecrón", una divinidad filistea, y el nombre juega con algo como "señor de las moscas" o "Baal, el príncipe". Siglos después, en los Evangelios, "Belcebú" ya no es un dios extranjero: es "el príncipe de los demonios", el nombre que los escribas usan para acusar a Jesús. Un dios de las naciones se convirtió, en el Nuevo Testamento, en nombre del jefe de los demonios.

2 E caiu Acazias pelas grades de um quarto alto, que tinha em Samaria, e adoeceu; e enviou mensageiros, e disse-lhes: Ide, e perguntai a Baal-Zebube, deus de Ecrom, se sararei desta doença.
3 Mas o anjo do Senhor disse a Elias, o tisbita: Levanta-te, sobe para te encontrares com os mensageiros do rei de Samaria, e dize-lhes: Porventura não há Deus em Israel, para irdes consultar a Baal-Zebube, deus de Ecrom?
El mismo destino alcanza a otros. Moloc, a quien se quemaban niños; Astarté, Quemos y Milcom, las "abominaciones" que hasta Salomón llegó a seguir; los se'irim del desierto. En la lectura profética y en la que vino después, todos deslizan de "falsos dioses" a "demonios". Es el mismo movimiento que vimos con Satanás y con el sátiro: lo que una capa más antigua trataba de una manera, una capa posterior lo reorganiza bajo la categoría de lo demoníaco.