El día en que todo se separa
Toda la obra camina hacia un único acontecimiento: el juicio final. Todo lo que Agustín dijo sobre las dos ciudades mezcladas en el mundo apunta al día en que esa mezcla termina. En el Libro XX trata ese juicio: Cristo vendrá a juzgar a vivos y muertos, y entonces la cizaña será separada del trigo, los que se amaron a sí mismos de los que amaron a Dios. La línea que durante toda la historia pasó invisible por dentro de los corazones se vuelve, por fin, visible y definitiva.
3 Aquilo, portanto, que toda a Igreja do verdadeiro Deus sustenta e professa como seu credo, a saber, que Cristo virá do céu para julgar os vivos e os mortos, a isto chamamos o último dia, ou o último tempo, do juízo divino.
Por qué el juicio importa para la obra
Sin el juicio, la doctrina de las dos ciudades quedaría sin desenlace. En este mundo, buenos y malos sufren y prosperan mezclados, y no hay justicia plena: el inocente muere como Abel, el violento funda ciudades como Caín. Agustín se niega a cerrar la cuenta aquí. La justicia que falta en la historia se hará al final, cuando cada ciudad reciba lo que de verdad amó. El juicio es la garantía de que la historia tiene sentido, y de que el sufrimiento de los justos no fue la última palabra.