¿Por qué Agustín escribió La Ciudad de Dios? El saqueo de Roma del año 410

La ciudad eterna cayó

En agosto del año 410 ocurrió lo impensable: Roma fue saqueada. Los godos liderados por Alarico entraron en la ciudad que por más de ochocientos años no había visto un enemigo dentro de sus murallas, y la saquearon durante tres días. El Imperio Romano no terminó allí, pero el golpe psicológico fue inmenso. Roma era llamada la ciudad eterna; verla humillada sacudió al mundo entero, y muchos sintieron que el fin de toda una civilización estaba a la vista.

La acusación contra los cristianos

En medio del trauma surgió una acusación. Los paganos decían que la culpa era de los cristianos: Roma prosperó durante siglos mientras rendía culto a los antiguos dioses, y cayó justamente después de abandonarlos por el Dios de los cristianos. Los dioses, ofendidos, habrían retirado su protección. La acusación era seria y popular, y Agustín decidió responderla de frente. Fue para refutar esa idea que comenzó a escribir, hacia el año 413, la obra que solo terminaría hacia el año 426.

La estructura de la respuesta

La obra tiene dos grandes mitades. Los diez primeros libros son polémicos: desmontan la acusación pagana y muestran que los dioses de Roma jamás protegieron a nadie, ni para los bienes de este mundo ni para la vida eterna. Los doce libros restantes son constructivos: abandonan la polémica y desarrollan la gran visión positiva, la historia de las dos ciudades desde la creación de los ángeles hasta el juicio final.

LibrosParteQué hacen
I a VContra el paganismoLos dioses no dieron a Roma los bienes terrenales ni la salvaron de la caída.
VI a XContra el paganismoLos dioses tampoco ofrecen la vida eterna; solo el verdadero Dios lo hace.
XI a XIVLas dos ciudadesEl origen de las dos ciudades: la creación, los ángeles, la caída del hombre.
XV a XVIIILas dos ciudadesEl curso de las dos ciudades por la historia, de Caín y Abel a los profetas.
XIX a XXIILas dos ciudadesEl fin de las dos ciudades: la paz, el juicio, el infierno y la felicidad eterna.