La obra más ambiciosa de Agustín
Si las Confesiones son el libro más íntimo de Agustín, La Ciudad de Dios es el más ambicioso. Son veintidós libros, que es como él llama a los capítulos extensos, escritos a lo largo de más de una década. El obispo de Hipona ya no mira hacia el interior de su propia alma: ahora contempla la historia entera del mundo, del principio al fin, e intenta descubrir en ella un sentido. Es, sin exageración, una de las obras más influyentes jamás escritas en lengua alguna.
El tema que organiza todo aparece ya en la primera frase. Agustín anuncia que hablará de la Ciudad de Dios, esa comunidad gloriosa que atraviesa los tiempos y tiene a Dios por fundador. Ese será el hilo conductor de los veintidós libros: la historia de dos ciudades entrelazadas, una terrena y otra celestial, que conviven mezcladas hasta el fin de los tiempos.
1 A gloriosíssima Cidade de Deus é o tema desta obra, que vós, meu caríssimo filho Marcelino, sugeristes, e que vos é devida por promessa minha. Empreendi a sua defesa contra aqueles que preferem os seus próprios deuses ao Fundador desta cidade: uma cidade incomparavelmente gloriosa, quer a consideremos tal como ainda vive pela fé neste fugaz curso do tempo, peregrinando como estrangeira em meio aos ímpios, quer tal como há de habitar na firme estabilidade de sua sede eterna, que agora aguarda com paciência, esperando até que a justiça se volte para o juízo, e ela obtenha, em virtude de sua excelência, a vitória final e a paz perfeita.
Cómo funciona este tema
Este tema recorre la obra en tres etapas. Primero, qué es el libro y por qué Agustín lo escribió. Después, la idea central que lo volvió inmortal: la doctrina de las dos ciudades y la crítica al imperio. Por último, el destino hacia el que todo camina: el juicio, la resurrección y la felicidad eterna. La intención es que un lector no especializado comprenda, sin apresuramiento y sin jerga, por qué esta obra atravesó mil seiscientos años.