La frase que inquieta al poder
En medio de su análisis de los imperios, Agustín lanza una de las frases más afiladas que se hayan escrito sobre política. Quitada la justicia, pregunta, ¿qué son los reinos sino grandes latrocinios, es decir, grandes bandas de ladrones? Una banda de salteadores es un pequeño reino, dice: tiene jefe, tiene leyes internas, divide el botín. Que esa banda crezca lo suficiente, que conquiste territorios y ciudades, y pasará a llamarse reino, aunque la codicia siga siendo la misma. El nombre cambia; la esencia, sin justicia, no.
1 Removida, pois, a justiça, que são os reinos senão grandes latrocínios? Pois que são os próprios latrocínios senão pequenos reinos? O bando é também composto de homens; é governado pela autoridade de um chefe, está unido pelo pacto da confederação, e o espólio se reparte segundo a lei convencionada. Se, pela admissão de homens perdidos, este mal cresce a tal ponto que se apodera de lugares, fixa moradas, toma posse de cidades e subjuga povos, assume mais abertamente o nome de reino, porque essa realidade lhe é agora manifestamente conferida não pela supressão da cobiça, mas pelo acréscimo da impunidade.
Una crítica, no una anarquía
Agustín no predica contra el Estado. Reconoce que el poder terrenal es necesario para contener el mal y mantener algún orden en un mundo caído. Lo que hace es quitarle al imperio el halo divino que Roma se ponía: ningún reino es sagrado, ninguno es la ciudad de Dios, y todos, sin justicia verdadera, descienden al nivel del robo organizado. La grandeza romana, que tanto enorgullecía a los paganos, es vista con sobriedad, como obra de hombres, sujeta a los mismos pecados que cualquier otro.