Caín y Abel en Agustín: las dos ciudades comienzan en la primera familia

La primera fractura

Agustín no trata las dos ciudades como una teoría abstracta: las ve corriendo por la historia real, y hace comenzar esa historia muy pronto, en la primera familia humana. Caín y Abel, los hijos de Adán, son para él el retrato de las dos ciudades. Caín, que mató a su hermano y luego fundó una ciudad, encarna la ciudad terrena; Abel, el justo muerto sin dejar herencia en este mundo, encarna la ciudad celestial, que en este mundo es apenas peregrina.

5 Destes dois primeiros pais do gênero humano, pois, Caim foi o primogênito, e pertencia à cidade dos homens; depois dele nasceu Abel, que pertencia à cidade de Deus. Pois, assim como no indivíduo se discerne a verdade da afirmação do apóstolo, que "não é primeiro o que é espiritual, mas o que é animal, e depois o que é espiritual", de onde vem que cada homem, sendo derivado de uma estirpe condenada, nasce antes de tudo de Adão mau e carnal, e depois se torna bom e espiritual, quando é enxertado em Cristo pela regeneração: assim também foi com o gênero humano como um todo.

Peregrinos y constructores

El detalle es elocuente. Fue Caín, el homicida, quien construyó la primera ciudad; Abel no fundó nada, porque la verdadera ciudad de Dios no tiene aquí morada permanente. Los que pertenecen a ella viven en este mundo como extranjeros de paso, peregrinos en camino hacia una patria que aún no ha llegado. Es una imagen que Agustín repite a lo largo de todo el libro: el cristiano habita la ciudad terrena sin ser de ella, como quien vive en un país que no es el suyo.

Mezcladas hasta el fin

La consecuencia es decisiva. Las dos ciudades no viven en territorios separados: están entrelazadas, mezcladas en el mismo mundo, en las mismas familias, a veces en el mismo corazón dividido. Solo en el juicio final serán por fin separadas. Por eso Agustín se niega a identificar la ciudad de Dios con ningún reino, ni siquiera con la Iglesia visible, donde el trigo y la cizaña crecen juntos. La línea entre las dos ciudades no pasa por fuera, entre instituciones, sino por dentro, entre dos amores.