El amor no tiene lo bello: desea lo bello
Sócrates comienza poniendo a Agatón al revés con preguntas simples. Quien desea algo es porque no lo tiene: nadie desea lo que ya posee. Si el amor es amor de lo bello, entonces el amor no posee la belleza, la desea, precisamente porque le falta. Por lo tanto, Eros no puede ser bello ni perfecto, como Agatón había dicho.
24 Logo, esse homem e todo aquele que deseja, deseja o que não está garantido e não está presente, o que ele não tem, o que ele mesmo não é, aquilo que lhe falta. São coisas assim o objeto do desejo e do amor. Exatamente, disse.
Diotima y el amor como intermediario
En vez de seguir hablando por sí mismo, Sócrates cuenta lo que aprendió de una sabia llamada Diotima. Ella le explicó que el amor no es ni bello ni feo, ni mortal ni inmortal, sino algo a mitad de camino: un gran daimon, un intermediario que une a los hombres con los dioses, llevando las súplicas hacia arriba y las respuestas hacia abajo.
44 O que é ele, Diotima? Um grande daimon, Sócrates, pois tudo que é daimônico está entre o deus e o mortal.
Diotima cuenta incluso el nacimiento de Eros: hijo de Recurso (la abundancia) y de Penuria (la pobreza). Por eso el amor es siempre carente como la madre y siempre ingenioso como el padre, nunca rico ni del todo pobre, viviendo entre la sabiduría y la ignorancia. El amor es, en el fondo, un filósofo: aquel que no tiene la sabiduría, pero la desea.
51 Mas, conforme o pai, ele está sempre à espreita das coisas belas e boas. É corajoso, ousado e tenaz, caçador formidável, sempre tecendo alguma trama, ávido de sabedoria e cheio de recursos, filósofo a vida inteira, mágico, feiticeiro e sofista temível.
Lo que el amor realmente quiere
Diotima redefine entonces el amor por completo. Amar no es querer la belleza: es querer engendrar en lo que es bello, poseer el bien para siempre. Como los mortales no pueden ser eternos, buscan la eternidad del único modo posible: engendrando, dejando algo de sí. Por eso el amor es, al final, deseo de inmortalidad.
76 Sem dúvida, ela disse. E por que da geração? Porque, para o ser mortal, a geração é uma espécie de eternidade e imortalidade. E se o amor é o desejo de possuir o bem para sempre, como concordamos, então todos necessariamente desejam a imortalidade junto com o bem. Logo, o amor é também desejo de imortalidade.
La escalera que sube hasta lo Bello
Aquí llega el punto más alto del libro. Diotima describe una escalera del amor con peldaños bien definidos. Quien ama correctamente comienza amando un cuerpo bello, después advierte que la belleza está en todos los cuerpos, luego aprende a amar la belleza de las almas, de las leyes y de los conocimientos, hasta contemplar finalmente la Belleza en sí: eterna, sin nacer ni morir, de la que participan todas las cosas bellas.
| Peldaño | Lo que se ama |
|---|---|
| 1 | Un cuerpo bello |
| 2 | La belleza en todos los cuerpos |
| 3 | La belleza de las almas, más valiosa que la del cuerpo |
| 4 | La belleza de las ocupaciones y de las leyes |
| 5 | La belleza de los conocimientos |
| 6 | La Belleza en sí, eterna y perfecta |
102 Quando alguém, subindo a partir das coisas daqui por amar bem, começa a avistar esse belo, está quase chegando ao fim. Pois o modo correto de ir às coisas do amor, ou de ser conduzido por outro, é começar das belezas daqui e subir sempre em direção àquele belo, como por degraus: de um só corpo para dois, de dois para todos os corpos belos, dos corpos belos para as belas ocupações, das ocupações para os belos conhecimentos.
En la cima, dice Diotima, está lo Bello en sí mismo: puro, eterno, separado de cualquier cosa material. Quien llega allí no engendra ya imágenes de virtud, sino virtud verdadera, y se convierte, en la medida de lo posible, en amigo de lo divino. Ese es el sexto peldaño, y el corazón de todo el diálogo.
101 Esse belo também não vai aparecer como um rosto, mãos ou qualquer parte do corpo, nem como um discurso ou um conhecimento, nem como algo que existe em outra coisa, num animal, na terra, no céu ou em qualquer outro lugar. Ele é o belo em si, separado, simples e eterno, do qual participam todas as outras coisas belas, de modo que, quando elas nascem e perecem, ele nem aumenta nem diminui nem sofre nada.
Esta ascensión del amor sensible al amor de lo eterno es la idea que más ha marcado la historia. Fue la que los pensadores cristianos leyeron con mayor atención. Pero aún falta el último discurso, que trae todo de vuelta a la tierra de una manera sorprendente.