En Qué Acierta la Crítica (y en Qué se Equivoca)

Lo que es honesto conceder

Una defensa seria del cristianismo no puede fingir que Nietzsche solo se equivoca. Hay un cristianismo que merece su crítica, y la historia lo conoce bien. El resentimiento existe, y ya se vistió de fe: la envidia del bien ajeno llamada celo, el moralismo que se alimenta de condenar a los demás, la devoción que desprecia el cuerpo, la alegría y la belleza como si fueran pecados. La piedad que humilla a quien ayuda, en lugar de levantarlo, también existe. Donde Nietzsche describe esa deformación, acierta, y el cristiano debería escuchar como quien recibe un aviso.

Hay un segundo acierto, más filosófico. Nietzsche vio con claridad que, si Dios de hecho no existe, los valores morales quedan sin suelo. Muchos quisieron abandonar a Dios y mantener la moral cristiana intacta, como si flotara sola. Nietzsche tuvo el coraje de decir que eso no se sostiene: quitado el fundamento, la estructura cae. En ese punto, es un aliado involuntario de quien argumenta que la moral necesita a Dios.

Dónde la crítica yerra el blanco

Pero la crítica también ataca una caricatura. Nietzsche reduce la compasión cristiana a debilidad, pero ignora que el amor que el Evangelio enseña no es lástima pasiva: es la entrega deliberada del fuerte por el débil, que exige más coraje que el dominio. Lee la humildad como cobardía, pero el modelo cristiano de humildad es alguien que tenía todo el poder y escogió servir. Y lee la cruz como derrota y resentimiento, cuando el cristianismo la proclama como la mayor demostración de fuerza que existe: la fuerza de quien se entrega.

13 Ninguém tem maior amor do que este, de dar alguém a sua vida pelos seus amigos.

5 De sorte que haja em vós o mesmo sentimento que houve também em Cristo Jesus,

6 Que, sendo em forma de Deus, não teve por usurpação ser igual a Deus,

7 Mas esvaziou-se a si mesmo, tomando a forma de servo, fazendo-se semelhante aos homens;

8 E, achado na forma de homem, humilhou-se a si mesmo, sendo obediente até à morte, e morte de cruz.

La inversión que Nietzsche denuncia, el cristianismo la asume como tesis, pero la llama buena nueva, no enfermedad: la cruz es el poder de Dios manifiesto en aquello que el mundo llama debilidad. Los dos miran el mismo hecho y lo nombran de modo opuesto. Decidir quién tiene razón es el trabajo que el lector se lleva consigo al cerrar el libro.

18 Porque a palavra da cruz é loucura para os que perecem; mas para nós, que somos salvos, é o poder de Deus.