Lee sin miedo, pero con atención
El Anticristo es corto, intenso y desigual. Tiene páginas de psicología aguda, donde Nietzsche ve a fondo, y tiene páginas de mera furia, donde solo insulta. Saber distinguir las dos cosas es la primera habilidad del buen lector. Cuando describe un tipo de religiosidad resentida, vale la pena detenerse y preguntar si lo conocemos. Cuando solo declara al sacerdote un criminal, es retórica, no argumento.
Vale también leer el libro por lo que no logra esconder: una seriedad casi religiosa ante la pregunta sobre el sentido de la vida. Nietzsche no es un cínico aburrido. Lucha con el problema de Dios como quien lucha con algo que importa inmensamente. Por eso pensadores cristianos del siglo 20, como el jesuita Henri de Lubac, lo tomaron en serio en lugar de descartarlo: vieron en él un adversario a la altura.
Tres cuidados y una ventaja
Primer cuidado: separa al autor de la deformación que hicieron de él. La hermana de Nietzsche, antisemita, controló sus manuscritos después del colapso y ayudó a vincular su nombre al nazismo. La erudición trata eso como falsificación, porque Nietzsche atacó de modo explícito el antisemitismo y el nacionalismo alemán. Lo que es suyo ya es bastante duro sin las adulteraciones.
Segundo: recuerda que el libro fue escrito al borde del colapso mental, sin que eso lo reduzca a síntoma. Las tesis son las mismas de los libros anteriores, solo que dichas al volumen máximo. Tercero: léelo con la Biblia abierta al lado, como este sitio permite. Cuando Nietzsche cita un versículo, comprueba el contexto que cortó. Muchas veces el corte es el argumento.
La ventaja de todo esto es simple. Quien atraviesa El Anticristo y sigue siendo cristiano ya no cree por inercia. Cree habiendo visto la fe ser atacada en su punto más sensible, su bondad, y habiendo decidido que la cruz es fuerza, no debilidad. Es una fe que pasó por el fuego del crítico más duro y salió del otro lado.
21 Examinai tudo. Retende o bem.