Por Qué un Cristiano Debería Leer a Nietzsche

Los maestros de la sospecha

El filósofo francés Paul Ricoeur agrupó a tres pensadores del siglo 19 bajo el nombre de "escuela de la sospecha": Marx, Freud y Nietzsche. Los tres no preguntaban si la religión era verdadera o falsa, sino qué escondía. Para Marx, la fe disfrazaba intereses económicos. Para Freud, deseos reprimidos. Para Nietzsche, una debilidad vital travestida de virtud. Ignorar esa sospecha no la hace desaparecer; ya está en el aire que respiramos.

Nietzsche es el más peligroso de los tres para un cristiano, porque no ataca desde fuera. No dice que la fe sea irracional o supersticiosa. Dice que es demasiado eficaz: que funcionó exactamente para rebajar al hombre, y que sus valores más nobles, la humildad, la compasión, la igualdad de todos ante Dios, son justamente el veneno. Es un ataque a la grandeza moral del cristianismo, no a su lógica.

La fe que no teme el examen

Hay una tradición antigua de cristianos que no huyeron de los críticos. Justino Mártir debatió con filósofos paganos. Agustín leyó y respondió a los maniqueos y a los escépticos. Tomás de Aquino abría cada cuestión exponiendo primero los argumentos contra su propia posición, en su punto más fuerte. La fe que necesita ser protegida de la pregunta dura es una fe que aún no ha sido puesta a prueba.

El propio cristianismo afirma que la verdad no teme la luz. El lector cristiano que enfrenta a Nietzsche sale de una de dos maneras: o descubre que parte de la crítica acierta, y eso lo obliga a purificar su fe de un cristianismo deformado, o descubre dónde el ataque se equivoca, y pasa a creer con más conciencia. Los dos resultados valen la pena. Este tema apuesta a eso.

15 Antes, santificai ao Senhor Deus em vossos corações; e estai sempre preparados para responder com mansidão e temor a qualquer que vos pedir a razão da esperança que em vós,