Los mismos hechos, leídos por dos lentes que discrepan. Ninguna de las voces habla por la posición de la página: existen para que veas el argumento más fuerte de cada lado.
Citar no es canonizar: la alusión prueba que los deuterocanónicos circulaban y eran respetados, no que el Nuevo Testamento los tratara como Escritura al mismo nivel de la Ley y los Profetas.
La página acierta en el punto metodológico más importante, y vale insistir en él porque corta para los dos lados. El autor de Hebreos, al hablar de personas "torturadas, no aceptando su liberación, para alcanzar una mejor resurrección" (Hb 11:35), está claramente dibujando la escena de los siete hermanos de 2 Macabeos 7, que rechazan huir de la tortura porque esperan ser resucitados por Dios (2Mc 7:9). Ese episodio simplemente no existe en la Biblia hebrea, así que el eco no es coincidencia de vocabulario: es dependencia narrativa. El mismo patrón aparece en el diálogo entre la polémica antiidolatría de Sabiduría 13 al 14 y Romanos 1, donde Pablo describe a quien adoró a la criatura en lugar del Creador con una secuencia de ideas que muchos exégetas consideran literariamente derivada. Reconocer eso es honestidad textual, no concesión teológica.
El problema es el salto siguiente, y la página lo expone con precisión al sacar el caso de Judas. Si la alusión fuera prueba de canonicidad, el argumento se volvería contra quien lo usa, porque el ejemplo más fuerte de cita directa en el Nuevo Testamento no es deuterocanónico: es el libro de Enoc, citado nominalmente y con fórmula profética en Jd 1:14-15 ("también acerca de estos profetizó Enoc"). Ninguna tradición cristiana mayoritaria, católica o protestante, pone a 1 Enoc en el canon. Súmese a eso que Pablo cita a poetas griegos paganos en Hechos 17 y Tito 1. El criterio "fue citado, luego es Escritura" probaría demasiadas cosas, y por eso prueba de menos. Lo que esas alusiones establecen es que esos textos eran conocidos, valorados y teológicamente útiles en el ambiente del judaísmo del Segundo Templo, no que estuvieran en el nivel reservado a la Ley y los Profetas.
Pero es justo conceder lo que el lado protestante suele minimizar: el silencio de la fórmula "está escrito" no anula el peso histórico del préstamo. El Nuevo Testamento nace de autores que respiraban el mundo conceptual de la Septuaginta, y la doctrina de la resurrección corporal que Hebreos celebra encontró en 2 Macabeos una de sus formulaciones más nítidas dentro del judaísmo. La pregunta real, por tanto, no es si los deuterocanónicos influyeron en los apóstoles (influyeron, y la evidencia textual es sólida), sino que "influencia" y "reconocimiento canónico" son dos categorías distintas, y ninguna cita aislada tiende el puente entre ellas. Quien afirma inerrancia de un canon cerrado y divinamente delimitado debe explicar por qué el mismo gesto literario (aludir a un libro extracanónico) es prueba de inspiración cuando apunta a Macabeos y mero adorno retórico cuando apunta a Enoc o a Epiménides. La respuesta consistente es que el gesto no decide nada por sí solo: la canonicidad fue una decisión posterior de las comunidades, en Hipona, Cartago y Trento de un lado, en Jamnia y la Reforma del otro, y no un dato incrustado en el propio texto del primer siglo.
La alusión prueba circulación y respeto, no canonicidad; y eso vale en ambas direcciones, contra quien niega el uso y contra quien lo convierte en prueba de inspiración.
La página acierta en el punto central, y hay que decirlo con claridad antes de discrepar en cualquier cosa. El paralelo entre Hb 11:35 y el martirio de los siete hermanos de 2Mc 7 es real y textualmente fuerte. La expresión sobre los que fueron torturados sin aceptar la liberación para alcanzar una mejor resurrección no tiene origen en el canon hebreo; lo tiene allí, en 2Mc 7:9 y lo que sigue. Quien niega el eco está negando evidencia. Lo mismo vale para la superposición entre Romanos 1 y el tratado antiidolatría de Sabiduría 13 al 14: la secuencia argumentativa de Pablo (conocer al Creador por la criatura, cambiar la gloria del incorruptible por imágenes, ser entregado a las consecuencias) es demasiado cercana a Sb 13 al 14 para ser coincidencia. La dependencia literaria aquí es una hipótesis seria, defendida por estudiosos que no tienen agenda confesional católica.
La cuestión, y la página lo formula con honestidad, es qué demuestra la alusión. Y demuestra menos de lo que al apologista deuterocanonista le gustaría. El argumento decisivo está en el propio texto que la página cita: Jd 1:14-15 cita nominalmente, y con fórmula profética, el libro de 1 Enoc, y nadie propone canonizar a 1 Enoc. Pablo cita a poetas paganos en Hechos 17 y en Tito 1 sin que Epiménides se convierta en Escritura. La categoría de uso aquí es alusión erudita y moral, no apelación a la autoridad de la Ley y los Profetas. El NT distingue eso en la práctica: la fórmula "está escrito", o la cita como palabra de Dios, recae sobre Isaías, los Salmos, el Pentateuco, y nunca sobre Tobías, Sabiduría o los Macabeos. Esa ausencia de fórmula de autoridad no es detalle estilístico, es la marca convencional por la que el judaísmo del Segundo Templo señalaba un texto recibido como inspirado.
Donde pido cautela en la otra dirección es en convertir el silencio formal en prueba de rechazo. Que el NT no cite a 2Mc con "está escrito" no significa que sus autores consideraran el libro basura; significa que la alusión pertenece a otra función retórica. El ambiente de la Septuaginta, la Biblia de buena parte de los autores del NT, hacía circular esos libros con naturalidad, y el respeto implícito en Hb 11 es genuino. Lo que de hecho queda abierto es justamente el punto que esta página no pretende cerrar: la frontera entre Escritura plena y literatura piadosa autorizada era más porosa en el primer siglo de lo que las definiciones de Trento (1546) o de Lutero sugieren. Honestamente, la alusión no resuelve la canonicidad ni a favor ni en contra; atestigua que esos textos eran leídos, conocidos y tomados en serio, y empuja la decisión sobre el canon al terreno donde de hecho se decidió: el de la recepción de la Iglesia a lo largo de los siglos, no el de una fórmula de cita aislada.