Lo que el libro afirma
El Libro de Mormón se presenta como la historia de pueblos reales que habrían migrado del Oriente Próximo hacia las Américas: los jareditas, salidos de la Torre de Babel, y la familia de Lehi, salida de Jerusalén alrededor del 600 a.C. Describe ciudades, guerras con centenares de miles de muertos, reyes, monedas, templos y sistemas de escritura. Eso lo coloca, a diferencia de un texto puramente devocional, en el terreno donde la arqueología y la genética tienen algo que decir.
Hasta 2006, la introducción de la obra afirmaba que los lamanitas eran "los principales antepasados de los indios americanos". Ese año la frase fue alterada a "están entre los antepasados de los indios americanos", cambio que la propia Iglesia después explicó en el ensayo "El Libro de Mormón y los Estudios de ADN", publicado en 2014. La alteración es pequeña en el texto y grande en el efecto: abre espacio para poblaciones preexistentes en el continente y reduce lo que el libro necesitaría probar genéticamente.
Arqueología
Ninguna ciudad, moneda, inscripción, campo de batalla o artefacto descrito en el Libro de Mormón ha sido identificado por arqueólogos fuera del círculo SUD. Eso contrasta con la arqueología bíblica, donde lugares como Jericó, Meguido, Laquis y la inscripción de Tel Dan son excavados y datados independientemente de la fe de quien excava.
Durante décadas, la Institución Smithsonian recibió tantas cartas preguntando si usaba el Libro de Mormón como guía arqueológica que pasó a responder con una carta estándar. La versión que circuló a partir de 1998 dice que la Smithsonian nunca usó el Libro de Mormón como guía científica de ninguna forma, y que sus arqueólogos no ven conexión directa entre la arqueología del Nuevo Mundo y el asunto del libro. La National Geographic Society respondió en términos semejantes a consultas equivalentes.
Genética de poblaciones
El cuadro genético es el dato más reciente y el más claro. Los estudios de ADN mitocondrial y de cromosoma Y de las poblaciones indígenas americanas apuntan de forma consistente hacia un origen en el este de Asia. El propio ensayo de la Iglesia lo reconoce: la gran mayoría de los indígenas pertenece a subramas de los haplogrupos C y Q en el cromosoma Y, y a los haplogrupos mitocondriales A, B, C, D y X, todos compatibles con migraciones venidas de Asia oriental. Ningún marcador de origen en el Oriente Próximo compatible con una migración alrededor del 600 a.C. ha sido identificado.
Anacronismos
La objeción más concreta es la lista de plantas, animales, metales y tejidos que el libro atribuye a las Américas precolombinas y que la arqueología no encuentra allí antes del contacto europeo.
| Elemento citado | Dónde aparece | Problema |
|---|---|---|
| Caballos | 1 Nefi 18:25, Éter 9:19 | El caballo americano se extinguió al final del Pleistoceno y solo vuelve con los españoles en el siglo 16. |
| Carros | Alma 18:9-10 | No hay evidencia de vehículo con ruedas en uso práctico en Mesoamérica; la rueda aparece solo en juguetes y objetos rituales. |
| Acero | 1 Nefi 4:9, 2 Nefi 5:15, Éter 7:9 | La metalurgia del hierro y del acero no está atestiguada en la Mesoamérica precolombina. |
| Trigo y cebada | Mosíah 9:9 | Ambos son cereales del Viejo Mundo; la base agrícola americana era maíz, frijol y calabaza. |
| Seda | Alma 1:29, Éter 10:24 | La seda del gusano de seda es asiática; no hay registro del tejido en las Américas antes del contacto. |
| Elefantes | Éter 9:19 | Mamuts y mastodontes se extinguen milenios antes del período jaredita propuesto. |
25 E aconteceu que enquanto viajávamos pelo deserto da terra da promissão, descobrimos que havia animais de toda espécie nas florestas: vacas e bois e jumentos e cavalos e cabras e cabras-montesas; e toda espécie de animais selvagens úteis ao homem. Encontramos também toda espécie de minérios, tanto de ouro quanto de prata e de cobre.
19 E tinham também cavalos e jumentos; e havia elefantes e curelons e cumons; todos eles eram úteis para o homem, especialmente os elefantes e curelons e cumons.
9 E responderam-lhe: Eis que está tratando de teus cavalos. Ora, o rei havia ordenado a seus servos, antes da hora de dar de beber aos rebanhos, que lhe preparassem os cavalos e carros para conduzirem-no à terra de Néfi, porque na terra de Néfi fora decretada uma grande festa pelo pai de Lamôni, que era o rei de toda a terra.
9 E vi a sua espada e tirei-a da bainha; e o punho era de ouro puro, trabalhado de modo admirável; e vi que sua lâmina era do mais precioso aço.
9 E começamos a cultivar o solo, sim, com toda espécie de sementes: com sementes de milho e de trigo e de cevada e com neas e com seum e com sementes de toda espécie de frutas; e começamos a multiplicar-nos e a prosperar na terra.
24 E tinham sedas e linho finamente tecido; e faziam toda espécie de tecidos para cobrir-lhes a nudez.
Vale registrar que dos términos de la misma lista, "cureloms" y "cumoms", quedaron sin traducir en el propio texto, lo que es un dato interesante: el libro reconoce animales sin equivalente conocido, pero traduce los demás con nombres del Viejo Mundo.
Las respuestas de los estudiosos SUD
Se usan tres líneas de respuesta, y se combinan entre sí. La primera es la geografía limitada. En vez de leer el libro como historia de todo el hemisferio, autores como John Sorenson proponen que los eventos ocurrieron en un área restringida de Mesoamérica, tal vez algunos centenares de kilómetros, con poblaciones locales preexistentes que el texto simplemente no menciona. Eso reduce drásticamente lo que la arqueología debería encontrar y neutraliza buena parte del problema genético, ya que un grupo pequeño absorbido por una población grande dejaría poca o ninguna firma de ADN detectable hoy.
La segunda es la traducción por términos aproximados. La idea es que José Smith, traduciendo al inglés del siglo 19, habría usado la palabra disponible más cercana para animales y productos sin nombre en inglés. "Caballo" podría designar al tapir o al venado; "acero" podría significar metal endurecido, como en traducciones de la Biblia de la época; "trigo" y "cebada" podrían cubrir granos americanos. Los críticos observan que esa explicación es demasiado elástica para ser puesta a prueba, y que no vale igualmente para todos los elementos: un carro tirado por tapires es una imagen difícil de sostener. Del lado favorable, los apologistas citan la identificación, en sitios Hohokam de Arizona en los años 1980, de una cebada nativa americana domesticada, lo que debilita específicamente el elemento cebada.
La tercera es la genética de poblaciones propiamente dicha. El ensayo de la Iglesia de 2014 argumenta con efecto fundador, cuello de botella poblacional y deriva genética: un grupo migrante pequeño puede portar marcadores atípicos, el colapso demográfico causado por las epidemias europeas eliminó linajes enteros, y los marcadores raros desaparecen por azar en pocas generaciones. La conclusión del ensayo es modesta y vale citarla por la honestidad del encuadre: la ciencia del ADN ni confirma ni refuta el Libro de Mormón, porque la prueba que sería decisiva no se puede montar.
Los críticos responden que ese conjunto de ajustes es acumulativo: cada dato adverso exige una revisión de lo que el libro afirmaba, y un texto que sobrevive solo encogiendo sus propias afirmaciones pierde valor como fuente histórica, aunque no se vuelva falso por eso. Los defensores, a su vez, responden que la ausencia de evidencia arqueológica en una región húmeda y poco excavada no es evidencia de ausencia, y señalan elementos internos que consideran improbables para un autor de 1829, como el quiasmo de Alma 36 y la ruta árabe descrita en 1 Nefi.