El crimen
El asesinato sucede ya en la primera parte, y Dostoievski lo narra sin ningún heroísmo. Raskolnikov mata a la vieja prestamista con el lado ciego de un hacha, casi mecánicamente, en pánico que ya no controla. Y entonces el plan se desmorona: Lizavéta, la hermana mansa e inocente de la prestamista, entra de repente, y él la mata también, sin ninguna "teoría" que justifique. La segunda muerte, la de la inocente, es el peso que nunca logrará soltar.
22 Não tinha mais um minuto a perder. Puxou o machado para fora de uma vez, ergueu-o com os dois braços, mal consciente de si mesmo, e quase sem esforço, quase mecanicamente, deixou cair o lado cego sobre a cabeça dela. Era como se não usasse a própria força naquilo. Mas, assim que desferiu o golpe, a força lhe voltou.
39 No meio do cômodo estava Lizavéta, com uma trouxa grande nos braços. Olhava estupefata para a irmã assassinada, branca como um lençol, e parecia não ter forças para gritar.
El castigo que viene de adentro
A partir de ahí, la novela se vuelve un estudio de la conciencia. Raskolnikov cae en una fiebre que dura días, huye de las personas que ama, siente que un abismo lo separó del resto de la humanidad. Nadie lo acusa, y él casi se entrega solo, atraído por el peligro, volviendo al lugar del crimen, jugando con el juez. El castigo verdadero no es Siberia que vendrá al final: es ese infierno interior, la prueba viviente de que la teoría del hombre por encima de la ley era falsa.
Es aquí que el libro toca un nervio cristiano sin nombrar a Dios. La conciencia que Raskolnikov no puede silenciar funciona como una ley escrita en el corazón, que ninguna idea inteligente borra. Él quería probar que el bien y el mal eran convenciones para los débiles. El propio cuerpo y el propio alma responden que no lo son.