Vida de Santo Antão 2

A biografia (séc. IV) que Atanásio escreveu do pai do monaquismo cristão: a renúncia de Antão, suas lutas com os demônios no deserto, o longo discurso sobre o discernimento dos espíritos, os milagres, os debates com os filósofos gregos e a sua morte. Um dos livros mais influentes da história do cristianismo, leitura que ajudou a converter Agostinho

Y así, por casi veinte años, él continuó entrenándose a mismo en la soledad, nunca saliendo, y raramente siendo visto por alguien. Después de eso, cuando muchos estaban ansiosos y deseosos de imitar su disciplina, y sus conocidos vinieron y comenzaron a derribar y arrancar la puerta a la fuerza, Antonio, como que de un santuario, salió iniciado en los misterios y lleno del Espíritu de Dios. Entonces, por primera vez, fue visto fuera de la fortaleza por aquellos que venían a verlo. Y ellos, al verlo, se admiraron con lo que veían, pues él tenía el mismo aspecto físico de antes, y no estaba ni gordo, como un hombre sin ejercicio, ni flaco por el ayuno y la lucha con los demonios, sino que estaba igualito a lo que conocían antes de su retiro. Y, de nuevo, su alma estaba sin mancha, pues no estaba ni contraída como que por la tristeza, ni relajada por el placer, ni dominada por la risa o por el abatimiento, pues no se perturbaba al ver la multitud, ni se llenaba de alegría por ser saludado por tantos. Pero estaba en todo como quien es guiado por la razón y permanece en su estado natural. Por medio de él, el Señor curó los males físicos de muchos de los presentes y limpió a otros de los espíritus malignos. Y dio gracia a Antonio en el hablar, de modo que él consoló a muchos que estaban afligidos y reconcilió a los que estaban en desacuerdo, exhortando a todos a preferir el amor de Cristo a todo lo que hay en el mundo. Y, mientras los exhortaba y aconsejaba a recordar los bienes que han de venir, y de la bondad amorosa de Dios para con nosotros, que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, persuadió a muchos a abrazar la vida solitaria. Y así aconteció, por fin, que celdas surgieron hasta en las montañas, y el desierto fue poblado por monjes, que salieron de su propio pueblo y se inscribieron para la ciudadanía en los cielos.