Vida de Santo Antão 10

A biografia (séc. IV) que Atanásio escreveu do pai do monaquismo cristão: a renúncia de Antão, suas lutas com os demônios no deserto, o longo discurso sobre o discernimento dos espíritos, os milagres, os debates com os filósofos gregos e a sua morte. Um dos livros mais influentes da história do cristianismo, leitura que ajudou a converter Agostinho

Pero él, conociendo la costumbre y temiendo que su cuerpo fuera tratado de esa forma, se apresuró y, habiéndose despedido de los monjes en la montaña exterior, entró en la montaña interior, donde acostumbraba a morar. Y, después de algunos meses, enfermó. Habiendo llamado a aquellos que estaban allí (eran dos, que habían permanecido en la montaña por quince años, practicando la disciplina y cuidando a Antón por causa de su edad), les dijo: 'Yo, como está escrito, sigo el camino de los padres, pues percibo que soy llamado por el Señor. Y ustedes estén vigilantes y no destruyan su larga disciplina, sino, como si ahora estuvieran comenzando, preserven con celo su determinación. Pues ustedes conocen la traición de los demonios, cómo son feroces, pero cómo tienen poco poder. Por eso, no los teman, sino antes respiren siempre a Cristo y confíen en él. Vivan como quien muere cada día. Tengan cuidado consigo mismos y recuerden la advertencia que oyeron de mí. No tengan compañía con los cismáticos, ni trato alguno con los herejes arrianos. Pues ustedes saben cómo yo los evité por causa de su hostilidad a Cristo y de las extrañas doctrinas de su herejía. Por lo tanto, sean aún más empeñados en ser siempre seguidores primero de Dios y después de los santos, para que, después de la muerte, ellos también los reciban, como amigos conocidos, en las moradas eternas. Piensen en estas cosas y mediten en ellas; y, si tienen algún cuidado por y si se acuerdan de como de un padre, no permitan que nadie lleve mi cuerpo a Egipto, para que no me coloquen en las casas, pues fue para evitar esto que entré en la montaña y vine para acá. Además, ustedes saben cómo siempre reprendí a los que tenían esta costumbre y los exhorté a abandonarla. Entierren, por lo tanto, mi cuerpo, y escóndanlo debajo de la tierra ustedes mismos, y que mis palabras sean guardadas por ustedes, de modo que nadie sepa el lugar, a no ser ustedes solos. Pues, en la resurrección de los muertos, yo lo recibiré incorruptible del Salvador. Y dividan mis ropas. A Atanasio, el obispo, denle una piel de carnero y la pieza sobre la cual estoy acostado, que él mismo me dio nueva, pero que conmigo quedó vieja. A Serapión, el obispo, denle la otra piel de carnero, y quédense ustedes con la túnica de pelos. Por lo demás, que estén bien, mis hijos, pues Antón se va y ya no está más con ustedes.'