Primera Apología de Justino Mártir 27
La pureza de la vida cristiana
Nosotros, por otra parte, con el fin de no cometer pecado o impiedad, profesamos la doctrina de que exponer a los recién nacidos es obra de perversos. Primero, porque vemos que casi todos van a parar a la disolución, no solo las niñas, sino también los niños, del mismo modo que se cuenta que los antiguos mantenían rebaños de bueyes, cabras, ovejas o caballos de pasto, así se reúnen ahora rebaños de niños con la única finalidad de usar torpemente de ellos, y toda una multitud, tanto de mujeres como de andróginos y pervertidos, está preparada en cada provincia para semejante abominación.