Primera Apología de Justino Mártir 27

La pureza de la vida cristiana

Nosotros, por otra parte, con el fin de no cometer pecado o impiedad, profesamos la doctrina de que exponer a los recién nacidos es obra de perversos. Primero, porque vemos que casi todos van a parar a la disolución, no solo las niñas, sino también los niños, del mismo modo que se cuenta que los antiguos mantenían rebaños de bueyes, cabras, ovejas o caballos de pasto, así se reúnen ahora rebaños de niños con la única finalidad de usar torpemente de ellos, y toda una multitud, tanto de mujeres como de andróginos y pervertidos, está preparada en cada provincia para semejante abominación.
Para eso recaudáis tasas, contribuciones y tributos, al paso que vuestro deber sería el de arrancarlas de raíz de vuestro imperio.
Cuando se abusa de tales seres, además de tratar de una unión propia de personas sin Dios, impía y torpe, no faltará quien se una, conforme a la circunstancia, con un hijo, un pariente o un hermano.
Hay también aquellos que prostituyen a sus propios hijos y mujeres; otros se mutilan públicamente para la torpeza y refieren esos misterios a la madre de los dioses. Finalmente, en todos aquellos que consideráis como dioses, la serpiente se pinta como símbolo y gran misterio.
Y aquello mismo que vosotros practicáis y honráis públicamente, vosotros lo atribuís a nosotros, como si hubiésemos caído y la luz divina no nos asistiera. Sin embargo, como estamos libres por no practicar nada de eso, vuestras calumnias no nos causan ningún daño; al contrario, dañan a aquellos que cometen esas torpezas y aún levantan falso testimonio contra nosotros.