Sobre a Encarnação do Verbo 4

O clássico tratado de cristologia (séc. IV) em que Atanásio explica por que Deus se fez homem: a criação e a queda, o dilema entre a justiça e a bondade divinas, a Encarnação como solução, a morte na cruz e a ressurreição como vitória sobre a corrupção, e a refutação de judeus e gentios

Y esto basta en respuesta a los de afuera, que acumulan argumentos para mismos. Pero, si alguien de nuestro propio pueblo también pregunta, no por amor a la controversia, sino por amor al saber, por qué él sufrió la muerte de ninguna otra manera sino en la Cruz, que se le diga también que ninguna otra manera además de esta era buena para nosotros, y que fue bueno que el Señor sufriese esto por amor a nosotros. Pues, si él mismo vino para llevar la maldición que pesaba sobre nosotros, ¿de qué otro modo podría haberse convertido en maldición, sino recibiendo la muerte destinada a una maldición? Y esa es la Cruz. Pues es exactamente esto lo que está escrito: Maldito todo aquel que está colgado en un madero. De nuevo, si la muerte del Señor es el rescate de todos, y por su muerte es derribada la pared de separación de en medio, y se realiza el llamado de las naciones, ¿cómo nos habría llamado a sí, si no hubiese sido crucificado? Pues es solo en la cruz que un hombre muere con las manos extendidas. Por eso era conveniente que el Señor soportase también esto y extendiese sus manos, para que con una atrajese al pueblo antiguo, y con la otra a los que venían de los gentiles, y uniese ambos en mismo. Pues es esto lo que él mismo dijo, indicando por qué tipo de muerte había de rescatar a todos: Yo, cuando sea levantado, él dice, atraeré a todos los hombres a mí. Y, una vez más, si el diablo, el enemigo de nuestra raza, habiendo caído del cielo, vaguea por nuestra atmósfera inferior, y allí, ejerciendo dominio sobre sus compañeros espíritus, sus iguales en la desobediencia, no solo produce ilusiones por medio de ellos en los que son engañados, sino intenta impedir a los que están subiendo (y respecto a esto dice el Apóstol: Según el príncipe de la potestad del aire, del espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia); mientras que el Señor vino para derribar al diablo, y purificar el aire y preparar el camino para nosotros subir al cielo, como dijo el Apóstol: A través del velo, es decir, de su carne, y esto tenía que ser por la muerte, entonces, ¿por qué otro tipo de muerte podría esto haber acontecido, sino por una que se diese en el aire, es decir, la cruz? Pues solo aquel que es llevado a la perfección en la cruz muere en el aire. Por eso era bien conveniente que el Señor sufriese esta muerte. Pues, siendo así levantado, él purificó el aire de la malignidad tanto del diablo cuanto de los demonios de toda especie, como él dice: Vi a Satanás caer del cielo como un rayo; y abrió de nuevo el camino para subir al cielo, como él dice una vez más: Levantad vuestras puertas, ¡oh príncipes!, y levantaos, ¡oh puertas eternas!. Pues no era el propio Verbo quien precisaba de la apertura de las puertas, siendo Señor de todas las cosas; ni ninguna de sus obras estaba cerrada a su Creador; sino éramos nosotros quienes la precisábamos, nosotros a quienes él cargó hacia arriba por medio de su propio cuerpo. Pues, así como lo ofreció a la muerte en favor de todos, así por medio de él una vez más preparó el camino para subir a los cielos.