Sobre a Encarnação do Verbo 3
O clássico tratado de cristologia (séc. IV) em que Atanásio explica por que Deus se fez homem: a criação e a queda, o dilema entre a justiça e a bondade divinas, a Encarnação como solução, a morte na cruz e a ressurreição como vitória sobre a corrupção, e a refutação de judeus e gentios
Por consiguiente, cuando los escritores inspirados, sobre esa materia, hablan de él como comiendo y naciendo, entiende que el cuerpo, como cuerpo, nació y se sostuvo con alimento correspondiente a su naturaleza, mientras Dios, el propio Verbo, que estaba unido al cuerpo, al mismo tiempo que ordenaba todas las cosas, también por las obras que hizo en el cuerpo se mostró ser no hombre, sino Dios, el Verbo. Pero esas cosas son dichas de él porque el propio cuerpo que comía, nacía y padecía no pertenecía a ningún otro sino al Señor; y porque, habiéndose hecho hombre, era propio que esas cosas fuesen atribuidas a Él como hombre, para mostrar que Él tenía un cuerpo de hecho, y no solo en apariencia. Pero, así como por esas cosas Él era conocido como presente corporalmente, así, por las obras que hizo en el cuerpo, se dio a conocer como Hijo de Dios. Por eso también clamó a los judíos incrédulos: Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Pero, si las hago, aunque no creáis en mí, creed en las obras; para que sepáis y entendáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre. Pues, así como, aunque invisible, Él es conocido por las obras de la creación, así, habiéndose hecho hombre y estando en el cuerpo de modo invisible, se puede conocer por sus obras que Aquel que puede hacer esas cosas no es hombre, sino el Poder y el Verbo de Dios. Pues su reprender a los espíritus malignos, y el ser ellos expulsados, ese hecho no es de hombre, sino de Dios. ¿O quién, viéndolo curar las enfermedades a que la raza humana está sujeta, aún puede tenerlo por hombre y no por Dios? Pues Él purificó leprosos, hizo andar a los cojos, abrió la audición de los sordos, hizo ver de nuevo a los ciegos y, en una palabra, apartó de los hombres todas las enfermedades y afecciones; y de esos actos era posible incluso al observador más común ver su divinidad. Pues ¿quién, viéndolo devolver lo que faltaba a hombres que nacieron con alguna carencia, y abrir los ojos del hombre ciego de nacimiento, dejaría de percibir que la naturaleza de los hombres le estaba sujeta, y que Él era su Artífice y Creador? Pues Aquel que devolvió lo que el hombre no tenía desde el nacimiento debe ser, es ciertamente evidente, también el Señor del nacimiento natural de los hombres. Por eso, desde el inicio, cuando descendía hacia nosotros, Él formó para Sí su cuerpo a partir de una Virgen, ofreciendo así a todos nada menos que una prueba de su divinidad, en el hecho de que Aquel que formó ese cuerpo es también el Creador de todo lo demás. Pues ¿quién, viendo un cuerpo salir de una Virgen solamente, sin varón, dejaría de inferir que Aquel que aparece en él es Creador y Señor también de otros cuerpos? ¿O quién, viendo la sustancia del agua cambiada y transformada en vino, deja de percibir que Aquel que hizo eso es Señor y Creador de la sustancia de todas las aguas? Pues para ese fin Él también anduvo sobre el mar como su Señor, y caminó como en tierra seca, para dar evidencia a los que veían de su dominio sobre todas las cosas. Y al alimentar tan vasta multitud con poco, y, de sí mismo, producir abundancia donde no la había, de modo que de cinco panes cinco mil tuvieron lo bastante y aún sobró mucho, ¿se mostró como algo diferente del propio Señor cuya Providencia está sobre todas las cosas?