Diálogo con Trifón 41

La ofrenda de flor de harina, señores, que los que se purificaban de la lepra debían ofrecer, era figura del pan de la Eucaristía que nuestro Señor Jesucristo mandó ofrecer en memoria de la pasión que él padeció por todos los hombres que purifican sus almas de toda maldad, para que juntos demos gracias a Dios por haber creado el mundo y por todo el amor que hay en él por el hombre, por habernos librado de la maldad en la cual nacemos y por haber destruido completamente los principados y potestades a través de aquel que, según su designio, nació pasible.