Diálogo con Trifón 29

No nos molestéis, por tanto, ni lancéis en nuestro rostro el prepucio de nuestra carne, que fue el propio Dios quien formó. No os quedéis espantados por el hecho de bebernos cosas calientes en el sábado, pues en ese día Dios también gobierna el mundo de la misma forma que en los otros días. Además de eso, vuestros sumos sacerdotes tenían orden de ofrecer los sacrificios en ese día como en los otros. Por fin, aquellos grandes justos, que no observaron ninguna de esas prescripciones legales, son atestiguados por el propio Dios.