Diálogo con Trifón 2
Quedé perplejo. Por fin, decidí conversar también con los platónicos, pues también ellos tenían mucha fama. Justamente en esos días, había llegado a nuestra ciudad un hombre inteligente, prominente entre los platónicos; mantenía con ellos largas conversaciones y a cada día yo avanzaba y hacía progresos notables. Yo me exaltaba principalmente con la consideración de lo incorpóreo. La contemplación de las ideas daba alas a mi inteligencia. Yo imaginaba haberme tornado sabio en un instante, y mi estupidez me hacía esperar que, de un momento para otro, contemplaría al propio Dios. En efecto, esta es la meta de la filosofía de Platón.