Apologético (Tertuliano) 32
No deseamos, entonces, ser sorprendidos por esos eventos terribles; y, al orar para que su venida sea pospuesta, estamos contribuyendo a la duración de Roma. Más que eso, aunque nos rehusamos a jurar por los genios de los Césares, juramos por la seguridad de ellos, que vale mucho más que todos sus genios.