Apologético (Tertuliano) 30

Para allá levantamos nuestros ojos, con las manos extendidas, porque libres del pecado; con la cabeza descubierta, pues no tenemos de qué avergonzarnos; finalmente, sin un monitor, porque es del corazón que suplicamos. Sin cesar, por todos nuestros emperadores, ofrecemos oraciones. Oramos por una vida prolongada; por la seguridad del imperio; por la protección de la casa imperial; por ejércitos valientes, un senado fiel, un pueblo virtuoso, el mundo en paz, todo lo que, como hombre o César, un emperador desearía.