Apologético (Tertuliano) 23
Que sea traído ante sus tribunales alguien que esté claramente poseído por demonios. El espíritu maligno, ordenado a hablar por un seguidor de Cristo, confesará prontamente que es un demonio, así como en otro lugar él afirmó falsamente que es un dios. O, si prefieren, que sea producido uno de los poseídos por dioses, como se supone, que, inhalando en el altar, conciben la divinidad de los vapores, que son libertados de ella por vómitos, que la expelen en agonías de jadeos. Que la propia Virgen Celeste, prometedora de lluvia, que Esculapio, descubridor de medicamentos, pronto para prolongar la vida de Socórdio, Tenacio y Asclepiodoto, ahora en sus últimos momentos, si no confiesan, con miedo de mentir a un cristiano, que son demonios, entonces y allí derramen la sangre de ese seguidor de Cristo más impudente.